Lo que comenzó como una iniciativa para llevar cultivos a las escuelas rurales terminó convirtiéndose también en una nueva forma de aprender. En las veredas La Puente, Cerro La Aurora y Uribe Uribe, en Lebrija, Santander, tres instituciones educativas cuentan ahora con huertas escolares construidas con el trabajo conjunto de sus comunidades.
El proyecto fue impulsado por la Segunda División del Ejército Nacional, a través del Batallón de Infantería N.º 40, con el acompañamiento del Batallón de Apoyo de Acción Integral y Desarrollo N.º 2, el programa Fe en Colombia y la Secretaría de Agricultura Municipal de Lebrija.
Pero las huertas no se hicieron únicamente con herramientas y semillas. Estudiantes, profesores, familias, soldados y profesionales técnicos trabajaron mano a mano en la preparación de los terrenos, la siembra de hortalizas y la instalación de las mallas que protegen los cultivos.
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El resultado beneficia a más de 600 personas, quienes ahora tienen acceso a alimentos frescos y naturales cultivados en sus propios entornos educativos.
Mucho más que sembrar
Las huertas también se convirtieron en una especie de aula al aire libre. Allí, los estudiantes pueden llevar a la práctica conocimientos de ciencias naturales, matemáticas e incluso inglés, mientras aprenden sobre el cuidado de la tierra y la importancia de producir alimentos de manera responsable.
Durante el cierre de la iniciativa, realizado en la Institución Educativa Nuestra Señora de Las Mercedes, sede La Puente, la comunidad destacó el impacto del proyecto y agradeció a quienes participaron en su construcción.
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Además, el Batallón de Apoyo de Acción Integral y Desarrollo N.º 2 realizó una jornada de sensibilización dirigida a niños, niñas, adolescentes y jóvenes sobre la prevención del reclutamiento forzado, como parte de las acciones para fortalecer entornos protectores en las zonas rurales.
Por su parte, la ingeniera ambiental Paula Rodríguez, integrante de Fe en Colombia, acompañó el proceso con una capacitación sobre el mantenimiento de las huertas, sus beneficios ambientales y los cuidados necesarios para que estos espacios puedan mantenerse en el tiempo.
Así, entre semillas, tierra y aprendizaje, las tres huertas se convirtieron en algo más que cultivos escolares: son espacios donde los estudiantes aprenden haciendo y donde la comunidad encuentra una oportunidad para trabajar junta por su bienestar.
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