Gustavo Petro se despidió esta semana de los colombianos como presidente, e hizo honor a su estilo hasta el último minuto: sembrando la discordia.
El sábado pasado dejó viendo un chispero al gobernador, al alcalde y a sus propios seguidores durante la inauguración de la pista del aeropuerto de Tolú: aterrizó en el avión presidencial, pero prefirió no bajarse a dar la cara en los actos protocolarios. Luego, el lunes, lideró una rueda de prensa en la que puso al empresario de conciertos Carlos Oñoro a defender la disparatada teoría de un fraude electoral. Los colombianos terminamos como profesores de escuela tras calificar un pésimo examen: desilusionados ante semejantes argumentos, especialmente cuando el vocero salió con el chorro de babas de las inconsistencias en "150.000 municipios", un exabrupto matemático tan absurdo como desbordado es el ego de don Gustavo.
Para rematar el espectáculo, el martes en Soacha le pidió a su feligresía no comer cuento y desobedecer de manera "pacífica" al nuevo gobierno. Ojalá alguna mamá colombiana, nos explique cómo es esa milagrosa fórmula de "desobedecer pacíficamente" sin que la vuelta termine, como mínimo, en un buen chancletazo. Finalmente, el miércoles y jueves puso el pie en el acelerador para ordenar transferencias presupuestales por 466.000 millones de pesos, buscando raspar el pegao del presupuesto y dejando un modelo de gestión que difícilmente podremos olvidar.
Ahora el chicharrón le queda al nuevo gobierno en cabeza de Abelardo De La Espriella, quien se posesionó ayer en Cali. El panorama económico no está para improvisar ni pedir cacao: le toca lidiar con el estrecho margen fiscal que dejó el desbalance del gasto público, una deuda inflada, la inflación por encima del rango meta del Banco de la República, la crisis financiera en la salud y una inversión privada que se fue pique abajo en infraestructura, vivienda, hidrocarburos y minería.
A todo esto se suma el preocupante panorama de orden público. Con el atentado perpetrado el pasado sábado contra la estación de policía de Cúcuta, el ELN demostró su capacidad operativa y alcance urbano para enviarle un amargo mensaje de "bienvenida" al nuevo mandatario. Queda claro que el mayor reto será restablecer el principio de autoridad y la seguridad, combatiendo de manera frontal el crimen organizado, la extorsión y la delincuencia urbana para devolver la tranquilidad a las regiones y recuperar el control territorial.
Sin embargo, en medio del vendaval, los mercados parecen dar un respiro de esperanza. La Tasa Representativa del Mercado muestra un dólar con tendencia a la baja que, tras un leve repunte a inicios de semana, cediendo terreno cerró en los 3.138 pesos. La apreciación de nuestra moneda se sostiene impulsada por el atractivo diferencial en las tasas de interés, los precios del petróleo y la renovada confianza en la transición institucional.
Colombia es una patria bravía que no se doblega ante el caos. Hoy el viento sopla de frente y la historia nos llama a cerrar filas por la libertad y el progreso. Las tempestades pasan, pero las naciones valientes permanecen erguidas; sobre los escombros de la incertidumbre se levanta un pueblo dispuesto a reconstruir su destino con paso firme, hombro a hombro y sin dar un solo paso atrás.
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