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Chucho Acevedo: una lectura imprescindible II
Dignificar las condiciones de ese campo olvidado sigue siendo una tarea pendiente que el autor plasma con una sensibilidad social conmovedora.
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Martes, 18 de Agosto de 2026

Hace algunas semanas dediqué este espacio a la obra en prosa de un pamplonés a quien admiro como persona, profesional, escritor, músico y amigo: Ángel Jesús “Chucho” Acevedo Ferrer. Hoy quiero sumergirme en las páginas de su obra poética con el propósito de reseñarla y, sobre todo, para evitar que pase inadvertida entre sus coterráneos, dado que se trata de una edición limitada.

El libro se titula Cal y arena, un nombre cuyo origen ni el autor ni el prologuista explican. ¿Por qué este título? Se me ocurre que “Chucho” Acevedo, como buen músico, conoce aquella vieja canción del peruano Edilberto Cuestas Chacón, Mujercita buena, que arranca justamente con esos versos: “Unas son de cal / otras son de arena / pero como tú no hay / mujercita buena”.

Es la metáfora perfecta de la dualidad de la vida, donde no todo es color de rosa; esa alternancia inevitable entre prosperidad y carencia, felicidad y adversidad, triunfos y derrotas. Es precisamente este contraste el que el autor traslada a su composición literaria para dar forma a emociones, reflexiones y sentimientos profundos.

 Conozco de cerca el transcurrir diario y el fino estro de nuestro vate, quien es, sin duda, la persona más sencilla que he tratado. Esa misma sencillez se refleja en el lenguaje de su producción literaria, logrando que sus ideas y vivencias resuenen en todo tipo de público.

Así se evidencia en el poema dedicado a sus homólogos, los maestros: "Maestro que sirves de ejemplo y guía / al niño que pone en ti confianza. / ¡Muéstrale el camino! ¡Con sabiduría! / ¡Enséñale senderos de fe y esperanza!".

Con los niños, este propósito solo se alcanza desde la elementalidad. Al respecto, viene a mi mente la cita atribuida a filósofo francés Jean-Paul Sartre: "Si para hacerse entender el profesor debe hacer el ridículo, entonces debe hacer el ridículo". Una premisa que invita al docente a despojarse de solemnidades y descender al nivel de su audiencia, incluso en las aulas universitarias.

La Patria también late entre las inquietudes intelectuales de Acevedo, quien no escatima esfuerzos para manifestar su desacuerdo con la realidad política nacional. Estos textos se agrupan en el acápite Sentimientos patrios, del cual destaco los siguientes fragmentos: "Como en Panamá se acabó / la vaquita de ordeñar, / ahora se quieren adueñar / de Antioquia y el Chocó, / dizque para hacer el canal / San Juan, Atrato y Truandó". 2. "He visto cementerios / repletarse con las cruces. / Los campos quedaron solos. / Se apagaron las luces". 3. "He visto tantas cosas / que cerraré mis ojos / para no ver más la Patria / postrada así de hinojos".

Disfruto de aquellos poemas que reivindican al campesinado o denuncian su difícil situación, una constante a lo largo del libro. De su poema Labriego, comparto la última estrofa: “Bajas al pueblo, / vendes tu esfuerzo, / recibes el pago de la humilde labor. / Luego en tu casa, colmada de anhelos, / los tuyos te abrazan, te llenan de amor”.

Dignificar las condiciones de ese campo olvidado sigue siendo una tarea pendiente que el autor plasma con una sensibilidad social conmovedora.

En conclusión, Cal y arena es un testimonio vibrante de nuestra identidad y un espejo de las realidades que nos confrontan. La poesía de "Chucho" Acevedo no solo se lee, sino que se siente y se recuerda, consolidándose como una lectura imprescindible para todos los nortesantandereanos.


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