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Demoler también es olvidar
Miramos a las nuevas generaciones para intentar descubrir en ellas el mundo que viene.
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Miércoles, 16 de Septiembre de 2026

Miramos a las nuevas generaciones para intentar descubrir en ellas el mundo que viene, pero a veces basta con observar lo que hacen con el mundo que reciben de las generaciones anteriores para comprender que no siempre tienen clara la diferencia entre transformar y destruir, entre la libertad creativa y la simple ligereza.

El episodio ocurrido en un apartamento de Altos de Santana, obra del maestro y referente de la arquitectura colombiana Rogelio Salmona, es un ejemplo de cómo o hacerse viral fue más importante que valorar el legado del trayecto creativo del maestro que amalgaman con equilibrio la materialidad del ladrillo con la emoción poética del paisaje. Una escalera original fue intervenida para, según sus responsables, mejorar la iluminación y funcionalidad del espacio. El problema radica tanto en demoler una escalera diseñada por uno de los grandes arquitectos colombianos como en no comprender que aquella escalera formaba parte de una obra integral, de una concepción espacial y de un legado que excede ampliamente los límites privados del apartamento. El inmueble y sus elementos están protegidos como Bien de Interés Cultural.

La intervención no permaneció en el silencio de una remodelación privada: fue convertida en contenido, mostrada y celebrada en redes sociales, como si la provocación pudiera convertirse en mérito y la ruptura con el pasado fuese suficiente argumento para conquistar visibilidad. De mis padres maestros en casa y de los de mi vida académica aprendí sobre todo a respetar y valorar el camino que ellos han transitado para guiarnos y tener una luz y herramientas para abrirnos a la vida profesional. La arquitectura, sometida a la tiranía de la imagen, parece necesitar cada vez más del espectáculo y gritos para demostrar que existe. Y en esa carrera, una escalera demolida terminó produciendo la indignación pública, la intervención de las autoridades y la decisión de restituir el elemento patrimonial.

Innovar tan de moda hoy, no significa ignorar. Y romper no necesariamente es crear. Toda generación desde luego tiene derecho a cuestionar a sus maestros, pero primero debe conocerlos. Tal vez por eso el episodio resulta tan incómodo cuando se coloca en contexto junto a otros síntomas de la educación donde siempre se culpa a los maestros. Los resultados de PISA muestran que Colombia estuvo por debajo del promedio de la OCDE en matemáticas, lectura y ciencias; apenas el 49 % de los estudiantes alcanzó el nivel mínimo de competencia en lectura y solo el 29 % lo hizo en matemáticas. No puede establecerse una relación directa entre esos resultados y la intervención de Salmona, pero ambos hechos permiten cuestionar la capacidad para comprender antes de intervenir, leer y pensar antes de opinar y conocer antes de transformar.

El progreso no consiste en demoler el pasado para demostrar irreverencia o reconocimiento. Consiste en recibirlo, comprenderlo, repararlo cuando sea necesario y transformarlo sin destruir aquello que todavía tiene algo que enseñarnos. Una sociedad que no respeta a sus maestros y valora más contenidos virales de redes sociales termina creyendo que la ignorancia también es una forma de innovación. Y conviene recordar que ejercer la arquitectura es en buena parte aprender del pasado que en palabras de Quevedo “al sueño de la vida hablan despiertos” y que en las obras de Salmona habla la buena arquitectura. Escúchenla.


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