Esa es la expectativa con que recibe al nuevo gobierno la llamada Colombia Rural, porque convertir a esta Patria en un Milagro de desarrollo económico y social pasa, necesariamente, porque ese milagro empiece en el campo abandonado.
En Colombia, la situación extrema del campo se asocia por muchos con la violencia como causa principal. Igualmente, el narcotráfico y su entorno de ilegalidad se presumen como causa de esa violencia, cuando apenas es uno de sus actores.
La seguridad se convierte entonces en prioridad; y la verdad que lo es, más no como objetivo final, sino como condición para superar la violencia y el atraso rural que, sin embargo, no alcanzan a explicarse con la falta de seguridad (léase justicia y presencia policial y militar). Su verdadera explicación, su verdadera causa es la falta… de todo…, es el abandono.
Y donde falta todo, el milagro es vistoso y transformador. La seguridad y una justicia efectiva abrirá caminos a la inversión y el desarrollo rural, pero hay otros caminos por abrir: “Vías decentes para el campo” y “conectividad rural” deberían ser programas prioritarios para romper el aislamiento a que está condenada media Colombia.
Ahí empieza el Milagro: reactivación agropecuaria con salida a los mercados, sumada a la presencia integral del Estado: Crédito de fomento con asistencia técnica exclusivo para productores rurales; asociatividad para pequeños productores; agua y energía para la producción rural; además de presencia social con salud, educación y vivienda para el campo.
La ganadería espera también un milagro. Han pasado 20 años desde la firma del TLC con Estados Unidos y 14 años de su entrada en vigor, sin que, a pesar de los esfuerzos por lograr admisibilidad para nuestra carne, hayamos colocado un solo kilo en ese mercado, mientras que más de 77.000 toneladas de leche entraron al país en 2025 desde USA, agravando la difícil situación de nuestros ganaderos.
Para la ganadería de la Costa Caribe, con cerca de 9 millones de animales, Estados Unidos debería ser el mercado natural de nuestra carne, porque el costo de nuestra ganadería en pastoreo es menor al de la ganadería texana a base de maíz; por nuestra calidad genética, por la cercanía a los puertos, etc.
Ese milagro, que no debería ser excluyente del mercado chino para la carne, no solo representaría un impulso para la ganadería colombiana, sino un factor diversificador de la canasta exportadora y de generación de divisas, además de un dinamizador del desarrollo rural para los departamentos caribes que cuentan con la ganadería como una de sus principales actividades productivas.
La solución definitiva a la trazabilidad con una reforma profunda del ICA, el fomento a la Ganadería Sostenible y otros retos que no caben en estas líneas, son parte de esa ganadería moderna y transformadora que hará parte del Campo Milagro que la Colombia Rural y el país se merecen.
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