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El lamento por los migrantes
El problema migratorio hay que mirarlo desde otra óptica, para poder atacar las verdaderas causas que lo están generando.
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Viernes, 19 de Junio de 2026

El papa León XIV acaba de concluir una visita a España, uno de los países más católicos del mundo, aprovechando la ocasión para llamar la atención sobre uno de los problemas más grandes que tiene la humanidad: la migración.

Los líderes mundiales no han sabido dimensionar la magnitud del problema: Europa registra 46,7 millones de migrantes y en el mundo el fenómeno abarca una cifra aterradora: 304 millones, que equivale al 3,7% de la población mundial.

Las causas son múltiples: el hambre y la miseria en los países más atrasados; las oportunidades de empleo para garantizar la subsistencia; los conflictos políticos derivados de regímenes totalitarios; la discriminación de sectores de la población, y las guerras que producen centenares de muertos y arrojan a la población a huídas desesperadas y dramáticas.

A este problema de la migración se agrega el del desplazamiento forzado como producto de los conflictos, la violencia y los desastres, que abarca en el mundo a 117 millones de personas. En nuestro entorno tenemos el caso de Venezuela, que ha producido una migración de ocho millones de habitantes, de los cuales 2,8 millones se han instalado en Colombia.

Pero también tenemos que hablar del conflicto interno en nuestro país, que ha generado 7,2 millones de desplazados internos, produciendo un fenómeno social de enormes dimensiones.

El Papa sin duda actuó con mucha inteligencia y con mucho tino frente al simbolismo de su visita a España, que cerró con una escala en las islas Canarias, en donde se recuerda la muerte de 2.760 africanos que han perecido tratando de cruzar las turbulentas aguas del océano para llegar a buscar refugio en esos territorios, así como los miles de cubanos que han hecho lo propio para tratar de abandonar su lugar de origen y han sucumbido en las agitadas aguas del mar Caribe.

Veremos entonces la respuesta de los líderes mundiales a este sentido llamado del papa León; también la actitud de los organismos internacionales que muy poco han podido hacer al respecto, devaluando su misión institucional ante la ineficacia de sus acciones; pero también la respuesta en los dirigentes de ahora que toman medidas políticas respondiendo a intereses personales y políticos y a egocentrismos absurdos, poniendo de paso en peligro la estabilidad de los ciudadanos que gobiernan.

El problema migratorio hay que mirarlo desde otra óptica, para poder atacar las verdaderas causas que lo están generando: mientras haya guerra, gobiernos totalitarios y miseria, la migración no solo continúa, sino que se agrava y las víctimas se multiplicarán por todo el planeta.

La represión definitivamente no es la solución, el trabajo está en el diseño de políticas para acabar con el hambre; en acciones que permitan poner fin a los regímenes despóticos y en luchar por un equilibrio en el mundo.


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