En 2050, una de cada cuatro personas en América Latina y el Caribe tendrá 60 años o más. Es una conquista extraordinaria: nunca antes habíamos tenido la posibilidad de vivir tantos años. Pero esa buena noticia trae consigo una pregunta que aún no hemos resuelto: ¿qué vamos a hacer con esas décadas adicionales?
El verdadero desafío de la longevidad ya no es solamente vivir más, sino hacerlo con propósito, relaciones significativas y capacidad de seguir aportando. Es decir, vivir con salud social.
La Organización Mundial de la Salud plantea el envejecimiento activo desde la salud, la participación y la seguridad. Esto exige cambiar nuestra manera de entender la edad: dejar de verla exclusivamente desde la enfermedad o la dependencia y comenzar a pensarla desde las capacidades.
Seguir aprendiendo, trabajando, participando, tomando decisiones, construyendo relaciones y sintiéndose útil también es salud.
El problema es que nuestras sociedades todavía arrastran un enorme obstáculo: el edadismo. El informe Hablando en Plata señala que el 37 % de las personas mayores reconoce conductas de autoexclusión asociadas con la edad. Su consecuencia es clara: menos participación, menor interacción entre generaciones y una pérdida progresiva del sentido de utilidad como individuos sociales.
La evidencia obliga, por tanto, a desmontar una idea profundamente arraigada: que las personas mayores son un costo inevitable para la sociedad. El reto es empezar a verlas como uno de nuestros mayores activos de capital humano.
De otra parte, la economía plateada demuestra su capacidad para generar emprendimiento, consumo, innovación, transferencia de conocimiento y cohesión social. La longevidad no debería medirse únicamente por el número de años vividos, sino por la posibilidad de conservar durante ellos, un proyecto de vida.
¿Quién debe construir las condiciones para lograrlo? No solo los sistemas de salud. También las empresas, las ciudades, las organizaciones sociales y, especialmente, las universidades.
Durante mucho tiempo, las instituciones de educación superior fueron concebidas para formar personas al comienzo de su vida profesional. Una sociedad más longeva exige ampliar ese papel: acompañar el aprendizaje durante todo el ciclo vital, conectar generaciones y abrir nuevas oportunidades de contribución.
Desde esa perspectiva, y a partir de la apuesta de CESA for Life, aprendizaje a lo largo de la vida, se despliega CESA Platinum: un ecosistema pensado para personas mayores de 50 años que amplía esa visión hacia los desafíos y oportunidades de la longevidad. No se trata de ocupar el tiempo, sino de construir salud social mediante aprendizaje continuo, investigación aplicada, conexiones intergeneracionales y nuevos proyectos de vida.
Hemos conseguido vivir más. Ahora el reto es lograr que esos años adicionales también puedan vivirse aprendiendo, conectados, productivos y con propósito.
La verdadera revolución de la longevidad no será demográfica. Será social. Y la educación tiene la oportunidad de liderarla.
* Profesora asociada investigadora CESA
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