Para Milton y Rose Friedman, la libertad económica es tanto el fin como el medio para desarrollar el capitalismo. Por su parte, Friedrich Hayek sostiene que “el rápido progreso económico con que contamos parece ser, en gran medida, el resultado de la desigualdad, y resultaría imposible sin ella”. Afín a estas ideas, Milton Friedman considera que “la vida no es equitativa; la creencia de que el Estado puede rectificar lo que la naturaleza ha producido resulta tentadora. Pero también es importante que reconozcamos en qué gran medida nos beneficiamos de esa falta de equidad que deploramos”.
Al respecto, Friedman argumenta que “un mercado ideal es perfectamente coherente con una gran desigualdad. Fuera de la caridad individual, no hay formas de eliminar esas desigualdades de riqueza que permanecerían incluso en un mercado libre ideal”.
Si se aplican estas ideas como políticas públicas, entendidas como medidas para organizar una sociedad, el Estado debe ser pequeño o mínimo, y su rol se limita a garantizar un marco normativo y regulatorio que incentive la libertad y la igualdad ante la ley, fomentando la iniciativa privada nacional e internacional, así como la resolución de conflictos empresariales y laborales.
Bajo esta perspectiva de oferta, la política económica debe crear una base tributaria que incentive la actividad empresarial mediante incentivos y exenciones tributarias (léase de reducción o eliminación de impuestos) que optimicen las decisiones de inversión privada, y la gestión de los riesgos que éstas conllevan.
Por el lado del gasto público, este debe enfocarse en la provisión de servicios estatales como justicia, seguridad, defensa, infraestructura, regulación de mercados y relaciones internacionales. El fomento de la igualdad real y de las oportunidades efectivas queda proscrito, dado que el Estado no debe intervenir, ni alterar el orden natural.
Por tanto, toda intervención del Estado en la economía o en lo social debe ser nula o limitada, porque el mejor asignador de recursos y oportunidades es el mercado. Por tanto, el Estado no debe preocuparse por utilizar el gasto público para generar oportunidades por medio de la educación, la salud, el saneamiento básico o mediante un sistema de protección social integral, ya que esto es un asunto individual: y cada persona debe financiar los servicios sociales que necesita, mientras los mercados garantizan su asignación y prestación.
En breve, la desigualdad se constituye en un resultado del orden natural y del azar, el cual debe resolverse mediante la iniciativa individual y la caridad. Esto implica que la desigualdad es la base del capitalismo y fuente del progreso económico.
Bajo el marco de referencia de los Friedman (creadores del llamado neoliberalismo) y de Hayek (principal pensador de la escuela austriaca o libertaria): toda acción política fruto de decisiones democráticas está condenada al fracaso, o generan costos sociales con elevadas cargas tributarias o de gasto público que deben proscribirse, al limitar la libertad individual o intentar corregir el orden natural.
En contraste, desde el Fondo Monetario Internacional, Ostry, Loungani y Furceri afirman que, aunque este pensamiento gobernó a la institución en los últimos años, el enfoque ha cambiado al demostrarse que las políticas económicas centradas en la oferta, son limitadas, especialmente cuando en las economías se presenta una desigualdad alta y persistente, debido a sus efectos negativos sobre la sostenibilidad del crecimiento y en los canales distributivos, lo cuales ponen en riesgo tanto al sistema económico, como a la democracia.
En contexto, las políticas económicas deben adoptar un enfoque más integral y ser más macrodistributivas con medidas fiscales progresivas e inclusivas, donde el foco se sitúe en mejorar el crecimiento económico (al ampliar la torta) y simultáneamente en potenciar sus efectos distributivos (al mejorar la distribución de los pedazos). Estas medidas hacen más sostenibles a las economías y a sus democracias, con un resultado claro: mejoras en crecimiento con equidad y una reducción de la desigualdad.
Así las cosas, esta columna tiene como propósito mejorar la calidad del debate y la incidencia ciudadana en la toma decisiones en la política económica colombiana, donde el gobierno actual y el Congreso de la República, juegan un rol trascendental desde sus enfoques y realizaciones.
Por último,para ampliar estas ideas recomiendo el artículo de: Zambrano Miranda, M. D. J., &Ramírez Zambrano, J. R., (2017). La discusión alrededor de la desigualdad como base para el progreso. Revista Gestión y Desarrollo Libre, 2(4), (148-171):https://revistas.unilibre.edu.co/index.php/gestion_libre/article/view/8222
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