A menos de diez días de las elecciones presidenciales de primera vuelta, los colombianos estamos viviendo la incertidumbre política más grande de los últimos tiempos.
Esta incertidumbre no viene solo por cuenta de las encuestas sino por los coletazos que, durante los gobiernos, de los últimos cinco presidentes que hemos tenido, nos han dejado. Se observa a una ciudadanía despistada, temerosa, rabiosa y no olvidemos que el miedo y la rabia, son emociones que se relacionan. Y esto último, nos lleva a una conclusión que, aunque es intrínseca en la política, no deja de sorprender: votaremos por quien nos diga las emociones, no sus programas. Y esto es fácil de comprobar; basta con preguntarle a cualquier, político en ejercicio o ciudadano común que nos diga tres o cuatro de los puntos centrales de las propuestas de Cepeda, Paloma o Abelardo, para escuchar la respuesta de “no sé”.
Pero, la dirigencia política de las esquinas en que nos ubicaron a los colombianos en los últimos años, la izquierda y la derecha, pareciera tener claro que, si gana la derecha, la izquierda deberá soportar diez o más años alejados del poder; por lo menos así lo pronosticó Gustavo Bolívar, uno de los más connotados dirigentes de ese sector.
Y, el temor por el lado de la derecha, es que, si gana la izquierda con Cepeda, viviremos una reedición mucho más fuerte de lo que ha sido el gobierno de Gustavo Petro y se revivirá la amenaza de una Constituyente que pretenderá, según dicen, regresar la figura de la reelección de Petro o la del mismo Cepeda, esto, para hablar apenas de lo más grueso que ocurriría.
En cualquier caso, quien sea el próximo presidente tendrá que abordar prioritariamente el tema de la seguridad, su estrategia para enfrenta a los grupos armados, los cultivos ilícitos, a los carteles de la droga. Qué pasará con la Salud. Con el enorme déficit fiscal; la renegociación de la deuda externa; el por donde se compensarán las finanzas por el incremento del salario mínimo y todo lo antes dicho; la transición y el hueco pensional; de dónde saldrán los recursos para adecuar las tierras que se entregaron a los campesinos y de las que tanto se habla, aunque no llegaron ni a la mitad de lo prometido; cómo va a ser la relación con las altas cortes; con la Banca Central; si se despejarán los temores de inseguridad jurídica para los inversionistas; se evitará la contracción económica por cuenta de la desconfianza; cuál la política monetaria para evitar que la inflación se crezca; si continuarán o no los programas de construcción de vivienda, ante el enorme déficit de estas; si continuarán las vías 5G, que contribuye a la generación de empleo; cómo se enfrentará la amenaza de un apagón, ante la crisis energética que se avecina por las políticas antitécnicas y populistas que se tomaron en este gobierno con el petróleo, el carbón, el gas y los minerales, en general; qué va a pasar con la tan cacareada transición energética. Y mejor dejemos ahí, con los temas de estos sectores.
Por otro lado, ¿cómo va a ser la relación con el Congreso? ¿Lo tradicional, Al menudeo? ¿Habrá un sincero acuerdo nacional para superar las dolencias de Colombia? ¿Se va a respetar la institucionalidad? A la Justicia, a la Banca Central, a los órganos autónomos. O, se abrogarán suprapoderes dictatoriales; habrá feria de ministros y directores de instituciones o se les permitirá “calentar la silla” y ejecutar los proyectos que las carteras tienen, de manera ordenada.
Cómo se comportarán las relaciones internacionales. Con Estados Unidos; con Israel; con China; con Venezuela; con Ecuador; con Bolivia; con Argentina; con Chile; o seguiremos entrometiéndonos en los asuntos ajenos como ocurrió estos cuatro años por diferencias ideológicas con los mandatarios de algunos países; se seguirán ideologizando las decisiones sin tener en cuenta que existe una importante porción de pueblo que no comparten ni los orígenes políticos ni programático de los tres candidatos que hoy pueden llegar a ser presidente.
¿Si el presidente es Cepeda, hará gala de lo que le dicen sus detractores que es el heredero de Petro y un continuador? ¿Y si la presidenta es Paloma o el presidente Abelardo, harán lo contrario de lo que se prevé con un gobierno de izquierda?
En cualquier caso y como no se vislumbran cuatro años tranquilos, los colombianos debemos prepararnos para que, si gana uno de los candidatos a los que llaman de la derecha, su período estará signado por incontables marchas y paros; primeras líneas por todos lados; ataques de los grupos armados; investigaciones a granel contra Petro y su gobierno, presos y un Congreso torpedeando cualquier proyecto.
Si gana el candidato de la izquierda, ocurrirá lo mismo y habrá consejos de ministros lanzando llamas y seguirá el discurso de lucha de clases, el odio a los empresarios, las medidas antitécnicas y populistas, una posible Constituyente, el cierre del Congreso etc, etc.
Todo lo aquí escrito, quizás pueda ocurrir…ojalá que no y que, gane quien gane, se comporte como un estadista, respete y ayude a cesar el discurso de lucha clases. Que administre con seriedad y justicia la cosa pública, que respete la institucionalidad. Ahora, si nada de esto ocurre, que los próximos cuatro años nos agarren confesados.
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