El precio del dólar en Colombia se movió significativamente en los últimos dos meses y generó infinidad de conversaciones. Se escuchan todas las posturas: exportadores quejándose porque la revaluación del peso les resta competitividad, importadores aprovechando menores precios, industriales retomando compras de maquinaria e incluso vecinos preguntando si conviene comprar divisas buscando una ganancia rápida.
Iniciemos revisando los datos. Mientras el dólar en el mundo se valorizó alrededor de un 4% frente a las principales monedas en los últimos dos meses, en Colombia la historia tomó el camino contrario: en ese mismo período pasó de superar los $3.750 a cotizarse por debajo de los $3.200 en la última semana. Para entender semejante caída y plantear escenarios futuros, debemos recordar la regla básica de la economía: la oferta y la demanda. Cuando entran más dólares al país de los que el mercado requiere, su precio cae; cuando la oferta disminuye o el apetito por la divisa sube, su valor se dispara.
Mirando los factores de fondo, Colombia viene recibiendo divisas por varias vías. La más destacada son las remesas de los colombianos en el exterior, que alcanzaron el récord de $13.000 millones de dólares el año pasado —duplicándose desde 2019 y superando a sectores tradicionales como el petróleo, el carbón o el café—. A esto se suma el crecimiento sostenido del turismo, el endeudamiento masivo en dólares asumido por el gobierno del presidente Petro para financiar su presupuesto y las altas tasas de interés fijadas frente a la inflación, que convirtieron a los activos locales en un atractivo para inversionistas extranjeros. Asimismo, investigaciones de expertos como Santiago Tobón y Daniel Mejía estiman que el mercado ilegal de la cocaína se ha quintuplicado frente a la última década, moviendo unos $16.500 millones de dólares.
Sin embargo, como estos flujos no han variado significativamente en las últimas semanas, no explican por sí solos el sacudón reciente. La verdadera causa detrás de esta divergencia responde a dos hechos puntuales. Por un lado, el alza en los precios del petróleo: la incertidumbre bélica por el posible cierre del Estrecho de Ormuz —por donde transita el 20% del crudo mundial— impulsó el barril desde el rango de US$50-60 hasta rangos de US$80-90, con picos superiores a los US$120 que inyectaron divisas masivas a la economía. Por otro lado, un decisivo cambio en las expectativas del mercado, que reaccionó con marcado optimismo ante el fin de un proyecto político que generaba incertidumbre jurídica y espantaba la inversión, abriéndole paso a una visión de país más cercana a las empresas y a la atracción de capitales.
Si bien la racha bajista podría mantenerse unas semanas más, personalmente creo que el mercado está subestimando el pesado endeudamiento que nos deja el petrismo, así como la capacidad demostrada de esa corriente para bloquear desde la oposición las soluciones que el país necesita. Por eso, no descartaría un rebote significativo en el corto plazo.
Más allá de los movimientos impredecibles que vengan en el camino, esta coyuntura —sumada a las herramientas tecnológicas que hoy permiten a cualquier colombiano invertir desde montos bajos en activos en dólares como acciones, bonos o ETFs— representa una oportunidad única para diversificar cualquier portafolio o empezar a construir uno pensando en el largo plazo.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en https://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion .
