En momentos de tensiones sociales e incertidumbre, la política tiende a simplificar.
La promesa de una “Patria Milagro” responde a esa lógica: ofrece un orden, sentido y dirección desde una nueva narrativa política, la cual vende la realidad como caótica o apocalíptica.
En este sentido, cuando se analiza la nueva narrativa política revela una estructura más compleja: no es solo un proyecto de gobierno, sino un intento de reconfiguración del poder mediante la desvalorización de la democracia y de los procesos de negociación colectiva, bajo el sello de la discrecionalidad del poder carismático del gobernante.
El punto de partida es la narrativa de la crisis. El programa de “reconstrucción nacional” con énfasis en securitización, reducción del Estado y ruptura con procesos políticos previos, se plantea como diagnóstico simple, que justifica medidas excepcionales. Esta construcción no es trivial. Como ha señalado, el premio nobel de economía (1993), Douglass North, las instituciones son el resultado de trayectorias históricas que estabilizan expectativas,y permiten el cambio social. Cuando el pasado se presenta como un error absoluto, el sistema pierde continuidad. Aquí emerge una primera clave interpretativa, en términos de Borges: el país deja de ser un camino y se convierte en un laberinto. Cada decisión política abre bifurcaciones, pero bajo la ilusión de una salida única y simple. La promesa de un orden absoluto oculta, la complejidad de la economía y la política.
La segundaclave interpretativa, es el orden coercitivo. La evidencia reciente muestra una intensificación acelerada de la estrategia de securitización, con operaciones militares y una retórica política marcadamente violenta. Desde la teoría de la securitización, esto implica redefinir los problemas estructurales como amenazas existenciales.
El efecto inmediato puede ser la cohesión bajo la idea de autoridad; el efecto estructural, sin embargo, es más problemático. Como advierten los profesores de la Universidad de Harvard: Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, la normalización de medidas excepcionales erosiona gradualmente el sistema y los contrapesos democráticos. En el laberinto, el énfasis en la fuerzano necesariamente conduce a la salida; puede, por el contrario, profundizar la crisis.
La terceraclave, es la legitimación moral. La incorporación explícita de elementos religiosos en la esfera públicagenera tensiones constitucionales con el principio de laicidad y la neutralidad estatal, mientras que el uso político de la religión ha sido señalado como un mecanismo de control y obediencia. Este recurso introduce una lógica weberiana de legitimidad carismática, donde el poder se justifica en valores absolutos.
Aquí aparece la segunda figura borgiana: el espejo. La nueva narrativa política no aspira a reflejar la realidad; la distorsiona y la sustituye. La crisis se vuelve total, el orden se vuelve incuestionable y la moral se presenta como única. El problema no es la existencia de valores, sino su uso para clausurar el debatey los controles democráticos.
La convergencia de estos elementos configura una dinámica que puede interpretarse bajo la idea contemporánea de la “tierra arrasada”; entendida para este caso, como la erosión del capital social e institucional que una sociedad acumuló a lo largo del tiempo. La evidencia reciente sugiere, además, un desplazamiento de la tecnocracia por criterios ideológicos en la toma de decisiones públicas y privadas, lo que introduce un problema adicional: la baja calidad de las políticas públicas, como instrumentos de solución incremental a los problemas estructurales del país.
Desde la economía, las implicaciones son claras. Los premios nobel (2024), Daron Acemoğlu y James Robinson han demostrado que el crecimiento sostenido depende de instituciones democráticas e inclusivas. En cambios las instituciones extractivas, aumentan la incertidumbre y las desigualdades, derivada de cambios abruptos o discrecionales,que afectan la inversión, la productividad y la confianza social en las instituciones. Políticas como el endurecimiento migratorio, cuestionadas por su ineficacia y sus efectos adversos sobre los derechos humanos y la integración económica, refuerzan esta dinámica. En concreto, no es posible construir un crecimiento sostenible sobre la exclusión, la desigualdad y reglas inestables.
En el plano social, la narrativa requiere un “otro”. La identificación de enemigos: explícitos o implícitos: las elites, el inmigrante, la paz, o el disenso. Los enemigos son la base de discurso que busca una nueva cohesión social, excluyendo a lo diferente. Al respecto, Robert Putnam ha mostrado que la confianza social es un elemento fundamental del desarrollo; su deterioro limita la cooperación y reduce la efectividad del Estado.
En síntesis, la “Patria Milagro” puede ser eficaz como una nueva narrativa política. No obstante, bajo el análisis, revela una arquitectura de poder que simplifica la realidad, que desplaza la deliberación pública y erosiona las instituciones democráticas. Ese camino conduce a una mayor concentración de poder, nuevas capturas de rentas, incertidumbre,corrupción y una profunda fragmentación social.
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