A medida que avanzan las campañas de los candidatos a la Presidencia de Colombia, cuya primera vuelta está programada para el 31 de mayo, se evidencian falencias que las marcan. No escapan a prácticas viciadas por distorsión. Porque, en vez de generar debates sobre los asuntos prioritarios de la nación, la mayoría de sus actores se aferra a discursos obvios y a propuestas erráticas y recurrentes.
No es un intercambio de ideas sobre los problemas vigentes, sino un intercambio de insultos por resentimientos personales, bajo la presión de intereses muy particulares.
La narrativa puesta en circulación recientemente, según la cual un combatiente de un grupo armado recomendaba votar por el candidato del Pacto Histórico y de la Alianza por la Vida, Iván Cepeda Castro, resultó ser un montaje de perversa intención, atribuido a un criminal condenado y detenido en una cárcel nacional.
Aparecen como promotores de ese engendro político miembros de las cúpulas, con nostalgia de poder. Es un entramado con finalidades para las que ya hay pruebas. Es una de las formas tramposas de hacer política en Colombia, por parte de clanes curtidos en la corrupción rentable.
El hecho denunciado no es una novedad. Ya estaba cantado, según investigación de la revista Raya y del canal oficial RTVC, por lo cual se supo que, a través del Plan Júpiter, se pondría en marcha la estrategia de infundir miedo, indignación e incertidumbre en los ciudadanos para constreñir al elector a la hora de votar en los comicios para presidente de la República. Para esa operación fraudulenta se recaudaron 7.000 millones de pesos provenientes de empresas privadas, lo que permite dimensionar su alcance.
Involucrar a Iván Cepeda en esa movida electoral busca afectar su buen nombre político en beneficio de sus contendores. Es abrirle un expediente tendiente a excluirlo del proceso electoral; tal es el miedo que tienen a que el progresismo siga siendo en Colombia la nueva opción para solucionar los problemas que por tantos años siguen agobiando a la mayoría de la población.
Este capítulo de inspiración fraudulenta hace parte de la intención de preservar el poder en el remanso del atraso, a costa de la negación de derechos a la mayoría de los colombianos atrapados en la pobreza.
La garantía del funcionamiento de la democracia no está solamente en la celebración de las elecciones sino en que estas se cumplan con inalterable transparencia, sin los nudos ciegos que alteran sus resultados, sobre lo cual ha sido insistente el Presidente Gustavo Petro al denunciar falta de control efectivo.
Hay que impedir triquiñuelas como las aparecidas últimamente, que sumadas a la compra de votos, le restan legitimidad a las elecciones y hacen fallido el derecho a elegir.
La salud de la democracia está en la integridad de las elecciones para el predominio de la voluntad y la conciencia de los ciudadanos. El fraude equivale a una tiranía y es necesario blindarse contra ese mal, lo cual debe contar también con la honradez de los ciudadanos en el sentido de no dejarse sobornar en cuanto se refiera a su ejercicio de votar.
Puntada
El proyecto de la Casa Social de la Mujer en Cúcuta es de importancia social y cultural innegable. Debe asumirse como causa común.
ciceronflorezm@gmail.com
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