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Los discursos presidenciales
El sello de lo que cada quien quiere decir, está enmarcado por dos factores: el que refleja su personalidad, y el que identifica su nivel cultural y preparación.


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Viernes, 7 de Agosto de 2026

Ahora que se inicia el periodo de un nuevo presidente de la República, con la posesión del doctor Abelardo de la Espriella Otero, bueno es recordar el estilo que ha caracterizado a algunos presidentes en el ejercicio del cargo.

El sello de lo que cada quien quiere decir, está enmarcado por dos factores: el que refleja su personalidad, y el que identifica su nivel cultural y preparación.

El libertador Simón Bolívar, nuestro primer presidente, posesionado en la Villa del Rosario de Cúcuta, acostumbraba escribir proclamas y dirigir cartas en donde se observaba su talente de guerrero, y a su vez su instinto romántico. Sin duda escribía bien; le gustaba hacerlo y fueron abundantes sus pronunciamientos.

Por su parte el general Santander, era más pragmático; su temple de jurista y su personalidad recia, lo hacía centrarse en objetivos concretos que expresaba con términos precisos, sopesados y contundentes.

Podemos destacar después a los llamados presidentes gramáticos, con una formación intelectual muy notoria que los llevó a incursionar en la literatura, la poesía, la lingüística y el periodismo; como Santiago Pérez, Rafael Núñez, Caro, Marroquín, Marco Fidel Suárez y Abadía, cuyos textos eran absolutamente impecables, parecían piezas literarias y muchos se recopilaron después dándoles tal condición. De Caro se llegó a decir que era capaz de sacrificar un hombre para pulir un verso.

De aquí saltamos a López Pumarejo cuyos sus discursos adquirieron notoriedad por la buena elaboración. Se supo que tenía dos redactores de cabecera: Alberto Lleras, a quien había extraído del periodismo, y su hijo Alfonso López Michelsen, quien desde temprana edad fue escritor.

Y precisamente vino después Alberto Lleras, hábil escritor que tenía una voz prodigiosa que envidiaba cualquier locutor; pero sus discursos eran siempre leídos y se comenta que llegó a decir que él no daba un saludo sin mirar un papel.

También podemos mencionar a Carlos Lleras, que acudía a un sencillo cuaderno de doble línea, en donde consignaba apuntes muy ordenados y en sus alocuciones seguía los temas con cuaderno en mano y voz parsimoniosa.

Belisario, cambio el estilo. Su formación intelectual era muy marcada y amaba la poesía. Él inauguró la comunicación improvisada; se explayaba en descripciones detalladas y quiso infundirle sencillez al lenguaje.

Tuvimos también a Virgilio Barco, quien como ingeniero resultaba cuadriculado en sus análisis, también siempre escritos y no tan bien leídos como los de Alberto Lleras, pero su mensaje estaba lleno de precisión y ajeno a cualquier oportunismo.

Tal vez Álvaro Uribe rescató el estilo de Belisario y le agregó sus ademanes provincianos, en donde no requería de pedestal para intercambiar opiniones con el público.

Finalmente, Gustavo Petro, introdujo un estilo nunca visto antes, con rienda suelta a la imaginación, en donde la querella y la amenaza predominaron, pero con argumentos bastante imaginarios.      


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