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¡Nos toca a todos!
Ojalá tengamos la sabiduría para construir juntos ese país.
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Lunes, 29 de Junio de 2026

Terminan unos días verdaderamente difíciles para nuestro país. Si hay algo complejo para los seres humanos es la incertidumbre. No saber qué va a pasar constituye una de las pruebas más exigentes para nuestra mente. Estamos acostumbrados a anticipar, a planear y a tener cierto control sobre aquello que nos rodea.

El cerebro busca constantemente certezas para interpretar la realidad y responder a ella; esa es, en gran medida, una de sus funciones principales. Cuando no contamos con suficiente información sobre el futuro, el estrés y la ansiedad comienzan a ocupar espacios que antes estaban reservados para la calma, la confianza y la esperanza.

Acabamos de atravesar semanas de espera frente a una situación de altísimo significado emocional: el futuro de nuestro país y la elección de quien tendrá la enorme responsabilidad de conducir el rumbo de Colombia en los próximos años. Han sido días de conversaciones intensas, de preocupación, de ilusión para unos y de temor para otros. Una campaña que nos enfrentó a nuestras convicciones más profundas y que puso a prueba nuestras emociones, nuestra paciencia y nuestra capacidad para convivir con quienes piensan distinto.

Ahora, una vez tomada la decisión democrática, corresponde serenarnos. Es momento de recuperar la perspectiva y comprender que el país continúa siendo de todos, independientemente de por quién hayamos votado. La democracia no termina el día de las elecciones; por el contrario, comienza una nueva etapa en la que cada ciudadano tiene un papel que desempeñar.

Debemos elegir de manera consciente y coherente qué clase de nación queremos construir. En ese propósito debemos caber todos. Es tiempo de dejar atrás las rencillas estériles, las descalificaciones permanentes y esa necesidad de demostrar que el otro estaba equivocado. Nada ganamos deseando el fracaso de quienes no elegimos. Cuando fracasa un gobierno, de una u otra manera terminamos perdiendo todos.

Colombia tiene un nuevo presidente y nuestra responsabilidad será contribuir, desde el lugar que ocupemos, a la construcción de una nación con más oportunidades, más confianza y más esperanza. Una sociedad donde las diferencias no se conviertan en enemistades y donde la crítica sea una herramienta para mejorar, no para destruir.

Abelardo de la Espriella, con su creatividad, su determinación y su capacidad de convocar, promete ser ese timonel que necesita un barco que durante años ha venido haciendo agua. Sin embargo, ningún capitán puede navegar solo. El éxito de cualquier proyecto colectivo depende también de la participación de quienes integran la tripulación. El país nos pertenece a todos y su futuro también.

Quizás esta sea una buena oportunidad para recordar que, más allá de las ideologías, los partidos y las campañas, los seres humanos compartimos anhelos muy parecidos. Queremos seguridad para nuestras familias, oportunidades para nuestros hijos, dignidad en el trabajo, tranquilidad en nuestros hogares y esperanza frente al futuro. En el fondo, lo que todos buscamos es poder vivir en paz, desarrollar nuestros proyectos de vida y sentir que mañana puede ser un poco mejor que hoy.

Ojalá tengamos la sabiduría para construir juntos ese país.


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