El conflicto sobre las islas Malvinas entre el Reino Unido y Argentina ha salido otra vez a la palestra a raíz de las declaraciones de Trump de amenazar que los Estados Unidos podrían cambiar su posición de respaldo a los británicos en ese diferendo, debido a la falta de apoyo del Reino Unido a sus esfuerzos por desbloquear el Golfo de Ormuz en la guerra con Irán.
Naturalmente que Londres reiteró la soberanía inglesa sobre las islas y Milei hizo lo propio con los derechos argentinos.
Los generales argentinos que detentaban el poder en medio de una tremenda represión interna resolvieron en abril de 1982 invadir las islas Malvinas, en poder de los ingleses desde siglo XIX. Su estrategia fue la de acudir al nacionalismo y a la “defensa de la patria”. El Reino Unido que estaba regentado por Margaret Thatcher, reaccionó y envió una poderosa fuerza para desalojar a los argentinos de las islas.
Argentina en el marco del Tratado Interamericano de Asistencia recíproca, solicitó una reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA. El 28 de abril, se llevó a cabo en Washington para considerar una resolución en la que se urgía al Reino Unido a cesar las hostilidades y a Argentina a no empeorar la situación. Fue aprobada por 17 votos a favor y 4 abstenciones: Estados Unidos, Colombia, Chile y Trinidad y Tobago.
Para los argentinos fue un golpe que los Estados Unidos no hubieran votado a favor. No se extrañaron de la posición de Chile, ya que se sabía que Argentina lo invadiría después de asegurar el control de Las Malvinas. Tampoco de la de Trinidad y Tobago, país angloparlante y antigua colonia británica.
Sin embargo, se presentó una reacción generalizada, por la abstención de Colombia a la que calificaron como “El Caín de América”. En Argentina tomaron represalias, que incluyeron la suspensión del consumo de café colombiano, el más popular en el país y su reemplazo por el brasilero. Muchas voces se levantaron también en Colombia contra la posición del gobierno.
La invasión fue desastrosa. Murieron 649 militares argentinos y 255 británicos. Poco a poco se han ido divulgando los increíbles errores en que incurrió la cúpula militar argentina.
El presidente Julio Cesar Turbay y el canciller Carlos Lemos, afirmaron que aunque Colombia respaldaba el reclamo argentino por la soberanía de las islas, no podía apoyar la invasión, ya que Argentina había sido el país agresor.
Lo que no se sabía públicamente era que el dictador de Nicaragua, Daniel Ortega, preparaba al mismo tiempo una “invasión pacífica” a San Andrés, con más de 3000 personas vestidas de blanco transportadas en todo tipo de embarcaciones. Los participantes incluían estudiantes, amas de casa, empleados públicos y estaría acompañada por el cardenal Obando.
El propósito era el de forzar al gobierno colombiano a entrar en negociaciones sobre la soberanía del Archipiélago, que dos años atrás públicamente la Junta Sandinista había proclamado que pertenecía a Nicaragua y que los títulos de Colombia no eran válidos.
El gobierno resolvió reforzar la presencia de la Armada colombiana, pero no hacer uso de la fuerza. También alistar refrigerios para repartir a los “invasores” y pancartas con letreros de “Bienvenidos a Colombia”. La orden era devolverlos amistosamente. Finalmente “la invasión” no se llevó a cabo.
El voto a favor de la resolución argentina hubiera sido un precedente funesto.
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