Vivir en Cúcuta supone acostumbrarse al cerco de la manada. De lo contrario una persona como yo no podría salir a caminar despreocupadamente por las calles de esta ciudad como lo hago cada día en medio de ese 80% de conciudadanos entre los que cuento a muchos de mis familiares y amigos. Por eso el bienestar de la manada y ojalá también el fin de su rabia felina son cosas que me importan bastante.
Dicho esto, le sugiero a la manada nortesantandereana decirle al Tigre que este departamento y Cúcuta -donde ellos son la abrumadora mayoría, más que en ninguna otra región de Colombia- merecen más inversión nacional de la que haya llegado de ningún otro gobierno anterior, para lo cual en Norte de Santander hay proyectos cuya formulación ya satisfizo todas -o casi todas- las etapas, y para cuajar solo necesitan dinero. Les sugiero cinco especialmente importantes.
En primer término, hablemos de la doble calzada entre Pamplona y Bucaramanga. Cuánto no beneficiaría a la manada que la autoridad presidencial se sobrepusiera a esos pequeños intereses de algunos municipios vecinos a Bucaramanga que impidieron a las capitales del gran Santander -tan abrumadoramente felinas ambas- quedar unidas para siempre a través de una doble calzada.
Es segundo lugar, si se quiere abaratar el precio del gas en la ciudad para uso industrial y doméstico, qué merecida recompensa tendría el Área Metropolitana de Cúcuta si el Gobierno Nacional asumiera la financiación de la conexión con la red matriz de gas natural, para lo que es necesario tender el gasoducto por una ruta paralela a la vía Cúcuta - Aguachica. El proyecto se encuentra en un estado de formulación avanzado, pero la propuesta de financiación actual, al involucrar recursos de los presupuestos regionales y recursos de crédito amortizados con la tarifa, hará que duerma el sueño de los justos y nadie se interese en él. El premio a la manada sería construirlo sin cargar la financiación a la tarifa ni a las administraciones locales. Además, solo así sería posible.
El tercer premio sería el Sistema Integrado de Transporte Público del AMC, asunto del que no se habló durante la jornada de empalme territorial del pasado 8 de julio en la gobernación. Es otro proyecto maduro y engavetado que costaría muy poco poner al día. Ninguno de los proyectos de infraestructura urbana ejecutados en las dos últimas décadas iguala en importancia a lo que sería la completa transformación del sistema de transporte, incluyendo la renovación íntegra de todos los buses, además de estaciones, pasaje prepagado y recuperación de vías troncales.
El cuarto premio deberían ser las plantas de tratamiento de las aguas residuales de Cúcuta (PTAR). El proyecto está listo. Solo faltan recursos. Son cerca de dos billones de pesos. El premio -aquí también- debería ser construirlas con cargo al presupuesto de la nación y en grado mucho menor a la tarifa que pagaríamos los usuarios del servicio de acueducto.
Y otra raya más pal´ tigre: el quinto proyecto, del que nadie ha hablado y tampoco se ha formulado no obstante su importancia extraordinaria, es el plan de reforzamiento estructural de hospitales, colegios y edificios públicos del Área Metropolitana de Cúcuta, ente la posibilidad un sismo de gran magnitud. Hablamos de cientos de miles de millones que los gobiernos locales no tienen cómo pagar.
Quizá se preguntarán por qué considero que estas solicitudes deben hacerse al gobierno que inicia y no al que finaliza. La respuesta es obvia: porque entre todas las regiones del país, el gobierno saliente tuvo aquí el menor respaldo electoral porcentual hace cuatro años, mientras que con el Tigre ocurrió exactamente lo contrario. Por eso exhorto a la manada a hacerse valer. No pidan solo pie de fuerza, fumigación y alguno que otro proyecto menor, sino como justo reconocimiento a sus dimensiones porcentuales abrumadoras, pídanle recompensas que de veras incidan en el bienestar y el desarrollo del Área Metropolitana de Cúcuta.
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