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Posesión presidencial y homenaje a la fuerza pública
No es gratuito que la Constitución haya establecido que el presidente electo toma posesión de su cargo ante el Congreso de la República.
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Domingo, 26 de Julio de 2026

“[La posesión] vamos a hacerla de manera diferente, como nunca se ha hecho, en una guarnición militar para rendirle honor a los verdaderos héroes de la patria, policías y soldados”, dijo el presidente electo.

Se equivoca De la Espriella en su referencia histórica. No sería la primera vez que un jefe de gobierno se posesiona en una guarnición militar. Tres lo han hecho antes: Melo en 1854, Mosquera en 1861 y en 1953 Gustavo Rojas Pinilla. Tres posesiones en unidades militares, tres dictaduras. Las intenciones de DLE no son dictatoriales, pero los ignorados antecedentes son muy malos. 

Creo que el deseo de DLE es, como dijo, hacer un homenaje a nuestros soldados y policías. Comparto el propósito y la necesidad. La Fuerza Pública ha sido maltratada de manera sistemática y permanente por Petro. Pero esa buena intención, ese deber, debe cumplirse sin dañar a los uniformados y sin amenazar un pilar fundamental de la democracia, la subordinación del poder militar al poder civil.  

No es gratuito que la Constitución haya establecido que el presidente electo toma posesión de su cargo ante el Congreso de la República. En democracia, el Congreso es, por definición, el representante del pueblo. Por su calidad de representación, la ley es hecha por el Congreso. Es un asunto vital. Las democracias son estados de derecho y en ellas impera la ley, no la voluntad de quienes gobiernan. Por el contrario, al presidente le corresponde "promulgar las leyes, obedecerlas y velar por su estricto cumplimiento”. El Congreso ordena vía ley y el Presidente ejecuta. Petro, en quien latió siempre un aspirante a tiranito, nunca lo entendió.

El presidente, un civil, es el comandante supremo de las Fuerzas Armadas. Esa subordinación militar al poder civil es reafirmada cuando se establece que "la fuerza pública no es deliberante” y que no puede "intervenir en actividades o debates de partidos o movimientos políticos”.

Pero la subordinación debe ser no solo efectiva sino simbólica. Y una posesión presidencial en un cuartel, rodeada de uniformados, entre fusiles, rompe esa simbología. Se da la imagen de un presidente y unos legisladores sometidos a los soldados o, en el mejor de los casos, intimidados por ellos. No quisiera imaginar la lectura en el exterior de semejante ceremonia. En los cuarteles se posesionan los dictadores, no los demócratas. 

Así que sí, hacer la posesión en una guarnición militar da un menaje equívoco, socava simbólicamente la subordinación militar al poder civil, erosiona la democracia y la institucionalidad republicana. Ahora, la mirada alternativa es también muy mala: la de unas fuerzas militares al servicio de un jefe de gobierno, y no de la Constitución y la ley, de la República, unas fuerzas militares deliberantes y partidistas. Por eso he insistido que la propuesta le hace también daño a nuestra Fuerza Pública. 

Para rematar, en términos prácticos los riesgos también están a la mano. Hasta el momento en que el Congreso juramenta al presidente electo, el presidente en ejercicio es Petro. Es él quien tiene que autorizar el uso de las guarniciones militares con un propósito distinto al que tienen constitucional y legalmente. Y ya ha anunciado que no dará el permiso. Si DLE insiste, meterá a los militares en medio de la tensión política y los pondrá en el dilema de tener que escoger qué orden cumplen. Peligroso. Y un pésimo antecedente.

Hagamos la posesión de DLE ante el Congreso en un recinto civil. Y después, cuando DLE quiera, hacemos el homenaje que se debe a la Fuerza Pública. Seré el primero.

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