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Resiliencia= Colombia
Colombia ha demostrado muchas veces que sabe levantarse. Quizá ahora nuestro mayor desafío sea aprender a protegernos antes de caer.
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Jueves, 3 de Septiembre de 2026

Hay momentos en los que un país se reconoce a sí mismo. No en sus cifras económicas, ni en sus discursos, ni siquiera en sus grandes celebraciones. Se reconoce cuando algo inesperado lo sacude y, durante unos instantes, nos obliga a recordar qué tan vulnerables somos.Y entonces aparece Colombia…Aparece el vecino que pregunta si todos están bien. La llamada inmediata a la familia. El desconocido que ayuda a otro desconocido. Los organismos de socorro que corren hacia donde los demás intentan salir. Las comunidades que se organizan, las manos que levantan escombros y esa solidaridad casi instintiva que emerge cuando las circunstancias se ponen difíciles.

Lo vimos nuevamente estos días.Pero, en realidad, lo hemos visto muchas veces.Colombia parece haber desarrollado una capacidad extraordinaria para levantarse. Nuestra historia está atravesada por terremotos, inundaciones, deslizamientos, crisis económicas, violencia y profundas dificultades sociales. Cada generación podría contar algún momento en el que parecía que todo estaba perdido y, sin embargo, continuamos.A esa capacidad solemos llamarla resiliencia.Pero la resiliencia no significa simplemente resistir. Tampoco consiste en acostumbrarnos a las tragedias. Una sociedad resiliente es aquella capaz de recibir un golpe, reorganizarse, aprender y seguir adelante.Y quizá nosotros sabemos bastante de eso.

La resiliencia colombiana no está escrita solamente en los grandes discursos. Está en cosas mucho más sencillas.Está en quien abre su casa para recibir a una familia que perdió la suya.En quien comparte una botella de agua.En el médico que prolonga su turno.En el bombero que entra donde los demás necesitan salir.En los jóvenes que organizan ayudas.En quien, aun teniendo poco, encuentra algo para compartir, incluso el que detrás del televisor o el celular que siente impotencia porque no sabe cómo ayudar, pero pide a Dios por todos. Ahí está Colombia.

Sin embargo, nuestra capacidad para levantarnos también debería llevarnos a una reflexión incómoda: no podemos convertir la resiliencia en una excusa para la improvisación.Ser fuertes no significa acostumbrarnos a reconstruir aquello que pudimos proteger mejor. Vivimos en un territorio expuesto a amenazas naturales y sabemos que volverán a presentarse. No sabemos exactamente cuándo, pero sabemos que ocurrirán.Por eso, la verdadera resiliencia comienza mucho antes de una emergencia.Se construye con edificaciones seguras, ordenamiento territorial responsable, infraestructura preparada, educación ciudadana, simulacros, hospitales capaces de responder y comunidades que conocen sus riesgos.Existe una enorme diferencia entre sobrevivir a una tragedia y estar preparados para enfrentarla.Quizás esa sea una de las principales lecciones que debemos conservar después de estos días.

La solidaridad que aparece después del desastre es admirable; convertirla también en prevención sería nuestra mejor forma de aprender. Prepararnos, construir correctamente, respetar las normas y planificar nuestras ciudades pensando en sus riesgos también es cuidar al otro.

Colombia ha demostrado muchas veces que sabe levantarse. Quizá ahora nuestro mayor desafío sea aprender a protegernos antes de caer. Porque al final, cuando la tierra se mueve, también se mueve algo dentro de nosotros: esa fuerza colectiva que nos recuerda que, aun en los momentos más difíciles, Colombia siempre encuentra la manera de ponerse de pie.

Y si alguna vez necesitamos una definición cercana de esa fuerza, tal vez baste con mirar a nuestro alrededor:

Resiliencia = Colombia.


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