Ubuntu es una forma de vivir en la que somos personas a través de otros. Esta filosofía ha sido promovida desde África por el premio Nobel de la Paz, Desmond Tutu, y el líder sudafricano, Nelson Mandela bajo la consigna “Yo soy porque tú eres”. Esta manera de concebir el mundo fue “traducida” por el Instituto Padre Antonio Vieira de Portugal bajo un método de alto impacto en la formación de liderazgo juvenil a través de la creación de la Academia de Líderes Ubuntu (ALU) en el año 2010 -hoy, extendida a 17 países, incluida Colombia-.
Dentro de los aspectos que más me resulta interesante de esta formación es la mejora en la percepción de la “esperanza en el futuro”. Esta variable se ubica en el top 3 de 32 indicadores socioemocionales que evalúan el impacto de la academia. En promedio, el indicador pasa de 7,8 a 9,6 (en un rango de 0 a 10) desde el inicio del programa hasta su finalización. Y es que es innegable el ánimo colectivo que se siente cuando se vive Ubuntu. Ubuntu es en sí mismo esperanza y al mismo tiempo es un camino para llegar a ella.
La esperanza se define como la expectativa optimista que se tiene del futuro. Es esperar que algo bueno pase. Los estudios sobre la esperanza se han consolidado en las últimas décadas en un enfoque que va más allá de las emociones. Es decir, la esperanza desde un enfoque cognitivo que mejora la calidad de vida. Para el psicólogo Snyder (1991), famoso por su obra Teoría de la Esperanza, esta se define como una experiencia dinámica motivacional que se deriva de dos herramientas cognitivas: la fuerza de voluntad (willpower) y la fuerza de acción (waypower). Dicho de otro modo, la esperanza nos mueve. La esperanza es la energía de la determinación.
La esperanza también representa un importante producto social para el desarrollo de las sociedades. Es una fuerza que no solo desarrolla la nuestra, la interna, sino la de otros. Según la Gallup International, en el año 2021 se registró una disminución en la percepción de esperanza a nivel mundial con respecto a la expectativa del 2022. El mundo es menos esperanzado y Colombia no es la excepción. Solo 5 de cada 10 personas consideran que puede haber un futuro mejor.
La buena noticia es que la esperanza también se cultiva y en este propósito Ubuntu nos ofrece algo que nos pertenece a todos: los sueños. Sueños que se sueñan despiertos. Como lo expresa Ernst Bloch “no hay hombre que viva sin soñar despierto; de lo que se trata es de conocer cada vez más estos sueños, a fin de mantenerlos así dirigidos (…) ¡Que los sueños soñados despiertos se hagan más intensos pues ellos significan que se enriquecen justamente con la mirada serena, no en el sentido de la obstinación, sino de la clarificación!”
A esto le agregaría la declaración de los mismos sueños. Ubuntu se desarrolla en cinco (5) seminarios que preparan la declaración de un sueño. Escuchar cada uno de los sueños de los participantes y declarar el nuestro es un espacio de alta vibración y complicidad. Cuando cada participante se para en el atril sabe que debe liberarse completamente. Todo está creado para que ese momento tenga la intimidad que necesita. Todos tenemos el privilegio de sentir el núcleo real de la esperanza. De escuchar e imaginar el anhelo. Es una promesa que se hace con uno mismo y con quienes lo escuchamos. ¡Tienen que vivirlo!
