Authored by
En pleno gobierno de Julio César Turbay Ayala recuerdo una entrevista a un diario barranquillero donde al presidente se le preguntaba por la inminencia de una crisis ministerial, y él respondió que los periodistas tenían la costumbre de llamar crisis –es decir, cambio brusco, como dice el DRAE- a cualquier reajuste ministerial. Un conocido diario capitalino equiparaba recientemente la salida de ministros con lo que algunos técnicos denominan “fatiga de material”, dando a entender que aunque la pieza aún sirve es mejor cambiarla por prevención, y que es exactamente lo que está haciendo el presidente Santos, pues los ministros que ya acusan “fatiga de material” deben ser relevados. Que le haya solicitado la renuncia protocolaria al gabinete en pleno no quiere decir que haya crisis o cambios bruscos en los Ministerios, sólo es un procedimiento rutinario para hacer reajustes indispensables porque los ministros salientes no llenaron las expectativas o porque el Presidente, como se ha dicho, empieza a mover sus fichas para su reelección.
Una verdadera crisis se presenta cuando el Presidente de turno le solicita la renuncia forzada o protocolaria a sus Ministros y uno, o alguno o la totalidad de ellos son reacios a atender el llamado presidencial; o cuando la prensa, a veces sin razón y para molestar al Príncipe, le tumba o pretende tumbar un Ministro, como le sucedió a Alfonso López Michelsen cuando desde las páginas de un periódico capitalino un conocido periodista, en conjunción con el Procurador de entonces, quisieron tumbar a Humberto Salcedo Collante, su ministro de Obras Públicas, suceso que en 2004 -24 años después- el exministro Salcedo relató en su bien documentado libro “Intimidades de una calumnia”. Hace algún tiempo un exconsejero de Estado afirmó que los Ministros cuando se posesionan firman simultáneamente la renuncia, por si acaso…
Denominar crisis o revolcón el traslado de un Ministro a otro Ministerio, como sucedió ahora con Mauricio Santamaría, que de Minas y Energía pasó a Hacienda, es exagerado. Algunas veces se justifica dentro del mismo gobierno, como cuando Misael Pastrana Borrero trasladó a su ministro de Minas, Juan B. Fernández R., a la cartera de Comunicaciones, porque se trenzó en una disputa jurídica con la Colpet en defensa de los intereses de la Nación, y Pastrana lo que deseaba era comprarle a la Colpet lo que ya era de la Nación, siendo que en virtud de la declaratoria de caducidad de la Concesión Barco los bienes o activos afectados revertían automáticamente al Estado, y en derecho administrativo esta es una cláusula que se entiende pactada aunque no se consigne expresamente.
En fin, el ganador en este ajuste ministerial de rutina fue el ministro de Transporte, Miguel Peñaloza Barrientos, quien por razones conocidas estaba en el ojo del huracán, desde un principio tuvo el apoyo de Santos, su dimisión la camufló en lo que llaman renuncia protocolaria y cuando el Presidente se la aceptó, en los medios de comunicación lo colmó de elogios y le dijo que podía volver cuando quisiera. ¡Hágame el favor!
Una verdadera crisis se presenta cuando el Presidente de turno le solicita la renuncia forzada o protocolaria a sus Ministros y uno, o alguno o la totalidad de ellos son reacios a atender el llamado presidencial; o cuando la prensa, a veces sin razón y para molestar al Príncipe, le tumba o pretende tumbar un Ministro, como le sucedió a Alfonso López Michelsen cuando desde las páginas de un periódico capitalino un conocido periodista, en conjunción con el Procurador de entonces, quisieron tumbar a Humberto Salcedo Collante, su ministro de Obras Públicas, suceso que en 2004 -24 años después- el exministro Salcedo relató en su bien documentado libro “Intimidades de una calumnia”. Hace algún tiempo un exconsejero de Estado afirmó que los Ministros cuando se posesionan firman simultáneamente la renuncia, por si acaso…
Denominar crisis o revolcón el traslado de un Ministro a otro Ministerio, como sucedió ahora con Mauricio Santamaría, que de Minas y Energía pasó a Hacienda, es exagerado. Algunas veces se justifica dentro del mismo gobierno, como cuando Misael Pastrana Borrero trasladó a su ministro de Minas, Juan B. Fernández R., a la cartera de Comunicaciones, porque se trenzó en una disputa jurídica con la Colpet en defensa de los intereses de la Nación, y Pastrana lo que deseaba era comprarle a la Colpet lo que ya era de la Nación, siendo que en virtud de la declaratoria de caducidad de la Concesión Barco los bienes o activos afectados revertían automáticamente al Estado, y en derecho administrativo esta es una cláusula que se entiende pactada aunque no se consigne expresamente.
En fin, el ganador en este ajuste ministerial de rutina fue el ministro de Transporte, Miguel Peñaloza Barrientos, quien por razones conocidas estaba en el ojo del huracán, desde un principio tuvo el apoyo de Santos, su dimisión la camufló en lo que llaman renuncia protocolaria y cuando el Presidente se la aceptó, en los medios de comunicación lo colmó de elogios y le dijo que podía volver cuando quisiera. ¡Hágame el favor!
