Ante la inminente llegada del fenómeno de ‘El Niño’, la Federación Nacional de Arroceros - Fondo Nacional del Arroz (FNA) formuló una serie de recomendaciones a los cultivadores del cereal para afrontar de la mejor manera el evento climático.
Las recomendaciones hacen parte del informe especial que fue elaborado por el ingeniero Francisco Javier Hernández Guzmán I. A., M.Sc. en Meteorología, Investigación y Transferencia de tecnología, Fedearroz - FNA.
El estudio advierte un aumento del riesgo productivo por reducciones de precipitación, aumento de temperaturas e irregularidad en la distribución de las lluvias. En el cultivo de arroz, estas condiciones pueden afectar la oportunidad de siembra, la disponibilidad hídrica, la eficiencia de fertilización, el establecimiento, la sanidad y la exposición de etapas sensibles a estrés térmico e hídrico. El pronóstico climático para 2026 no representa el mismo nivel de riesgo para todos los cultivos, ni para todas las regiones y los sistemas productivos.
En la agricultura colombiana, las implicaciones de un escenario con lluvias menos confiables y temperaturas en aumento deben leerse de acuerdo con el tipo de cultivo, la oferta ambiental de cada zona y el calendario de siembra. Aquí las 11 recomendaciones de Fedearroz:
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1-.Viabilidad productiva del lote: Antes de sembrar conviene revisar con mayor rigor si el lote, la variedad y el sistema de manejo realmente son viables bajo un posible segundo semestre más cálido y con menor confiabilidad en la oferta hídrica. Las zonas naturalmente más calientes, los lotes con suministro de agua incierto, los suelos livianos o arenosos y aquellos con baja capacidad de retención de humedad pueden quedar más expuestos. En estos casos, más que insistir por rutina, vale la pena evaluar la pertinencia de la siembra, el ajuste del área o la necesidad de reforzar el manejo del suelo y del agua.
2-. Acompañamiento técnico profesional: En un escenario de menor oferta de precipitación, mayor temperatura y exigencia en la oportunidad de las labores, cobra aún más importancia contar con el acompañamiento de un ingeniero agrónomo que ayude a ajustar las decisiones técnicas del cultivo a las condiciones reales de cada zona y de cada lote. Su apoyo resulta clave para definir la viabilidad de la siembra, ajustar fechas, seleccionar la variedad más conveniente, afinar el manejo del agua, orientar la fertilización, interpretar la respuesta del cultivo y anticipar riesgos fitosanitarios. Más que una recomendación general, se trata de reconocer que, bajo condiciones climáticas más exigentes, el manejo agronómico debe estar mejor planificado, mejor monitoreado y adaptado al comportamiento del ambiente.
3-. Ajustar la fecha de siembra: La fecha de siembra vuelve a ser una decisión estratégica. El objetivo no es solamente sembrar dentro del calendario, sino ubicar el cultivo en la ventana ambiental más favorable posible, buscando que las etapas sensibles no coincidan con los meses de mayor temperatura ni con periodos de menor disponibilidad hídrica. En un escenario como el de 2026, unas pocas semanas de diferencia pueden cambiar de forma importante la exposición del cultivo.
4-. Selección de la variedad: La elección de la variedad no debería asumirse como una decisión rutinaria. En un escenario más cálido y con posibles limitaciones en la disponibilidad de agua, gana importancia seleccionar materiales adaptados y aprobados para la zona, con buen comportamiento agronómico, tolerancia a condiciones de altas temperaturas tanto diurnas como nocturnas y mayor eficiencia en el uso del recurso hídrico. Más que buscar una solución general, se trata de elegir variedades que respondan mejor a las condiciones reales del ambiente productivo y que mantengan un desempeño más estable bajo escenarios de mayor exigencia térmica e hídrica.
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5-. Mejorar la adecuación del suelo: En lotes vulnerables a pérdida rápida de agua o con baja uniformidad, la preparación del suelo puede marcar una diferencia importante. Prácticas como el uso de Cincel vibratorio en sentido contrario a la pendiente, la micronivelación con Land Plane o el diseño de curvas a nivel con Taipa pueden contribuir a mejorar la retención de humedad, la uniformidad del riego, el establecimiento del cultivo y la eficiencia de labores como fertilización y control de arvenses. No son medidas nuevas, pero en un año variable adquieren aún más valor.
6-. Fortalecer el manejo eficiente del agua: En sistemas con riego, la prioridad no debe ser solo disponer del recurso, sino administrarlo mejor. Esto incluye revisar tiempos de riego, limpieza de canales, mantenimiento de trinchos, uniformidad del lote y alternativas de manejo más eficiente, como el riego intermitente y los sistemas de riego dirigido o de precisión, entre ellos el MIRI (Riego por Múltiples Entradas), que permiten llevar el agua de forma más localizada y oportuna hacia las zonas donde realmente se requiere.
En términos prácticos, muchas variedades no necesitan una lámina permanente continua, sino una humedad adecuada y bien manejada. En secano, el principio también es mejorar el aprovechamiento del agua, pero desde la adecuación del lote: reducir la velocidad de paso del agua por la superficie, favorecer su retención temporal y disminuir pérdidas por escorrentía. Para ello, cobran especial importancia prácticas como la construcción de caballones o curvas a nivel, que ayudan a conservar mejor la humedad y a distribuir con mayor uniformidad el agua de lluvia dentro del lote.
7-. La fertilización y su oportuna aplicación: En un escenario de altas temperaturas y mayor riesgo hídrico, la eficiencia del nutriente puede ser tan importante como la dosis. Conviene ajustar la fertilización con base en análisis de suelo, condición del lote, estado del cultivo y humedad disponible, evitando tanto aplicaciones en suelos excesivamente secos como en condiciones de anegamiento.
También vale la pena revisar el balance nutricional, con especial atención al papel del fósforo y del potasio cuando el ambiente y el diagnóstico del lote indiquen que pueden ayudar a sostener mejor la respuesta del cultivo bajo mayor exigencia climática.
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8-. Precisión en el manejo de las malezas: La irregularidad de las lluvias complica el comportamiento de las malezas y la oportunidad del control. En este contexto, el uso de preemergentes exige más criterio en la selección de mezclas, dosis y momento de aplicación, considerando humedad del suelo, textura y riesgo de lluvias intensas. Bajo exceso de agua algunos tratamientos pueden aumentar su fitotoxicidad o perder eficiencia, mientras que en condiciones muy secas pueden no expresar el efecto esperado. La oportunidad seguirá siendo la clave.
9-. Reforzar el monitoreo fitosanitario: Algunas enfermedades e insectos pueden verse favorecidos por la combinación entre altas temperaturas, humedad intermitente y eventos intensos de lluvia. En arroz, esto obliga a vigilar con atención problemas que pueden expresarse con mayor fuerza bajo escenarios variables, incluyendo enfermedades bacterianas de la panícula y un posible aumento en la multiplicación de insectos vectores como la sogata en ciertos ambientes. La recomendación no es aplicar por calendario, sino monitorear con más frecuencia y actuar con mayor oportunidad.
10-. Ejecutar labores agronómicas: La eficiencia de fertilizantes y agroquímicos depende en gran parte de ejecutarlos bajo condiciones operativas adecuadas. Hay productos y labores que exigen días más soleados, buena radiación o humedad específica para expresar mejor su efecto, mientras que otros pierden eficiencia cuando se aplican en suelos anegados, muy secos o justo antes de lluvias intensas. Por eso, en 2026 será especialmente importante consultar los pronósticos de tiempo de corto plazo antes de fertilizar, aplicar herbicidas, manejar el agua o hacer controles fitosanitarios. La planeación general sigue siendo necesaria, pero la oportunidad semanal puede definir buena parte del resultado.
11-. Seguimiento del ciclo y el momento de cosecha: Bajo condiciones más cálidas, el cultivo puede acelerar su crecimiento y acortar parcialmente su ciclo, lo que obliga a vigilar más de cerca la evolución fenológica y la humedad del grano. Esperar “la fecha de siempre” puede llevar a llegar tarde. En campañas más cálidas, el monitoreo del punto de cosecha gana importancia para proteger rendimiento, calidad molinera y eficiencia operativa.
Tomado de El Universal.
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