Lógicamente dos extraditables en una estructura armada como la disidencia de las Farc, en el Catatumbo, pone en evidencia la peligrosidad del nivel de riesgo a la que se enfrenta Norte de Santander, en materia de conflicto armado.
Son ellos Jhon Mechas y el Mocho Olmedo. El primero todavía se encuentra libre y el segundo ya aparece dentro de la lista de quienes serán enviados a la justicia de Estados Unidos por el Gobierno nacional.
Así tenemos a ambos cabecillas con esa condición, más su jefe máximo alias Calarcá, quien comanda la estructura del Bloque de Frentes, al cual también le reactivaron la orden de captura para que responda por diferentes delitos.
Desde esa perspectiva, el frente 33 de la disidencia que se encuentra en la región demuestra su intención de hacerse fuerte en una subregión estratégica como aquella, donde desde comienzos del año pasado se encuentra enfrascada en un sangriento enfrentamiento con el Ejército de Liberación Nacional.
En los últimos años se ha venido insistiendo en que esta disidencia ha cobrado poderío en armamento y hombres, pero hay aspectos que igualmente ratifican lo peligrosa que dicha organización resulta ser por los antecedentes de sus cabecillas.
Es el caso de Jhon Mechas, quien es señalado de ser el responsable del ataque contra el helicóptero en que viajaba a Cúcuta el entonces presidente Iván Duque, en junio de 2021.
Como se recuerda, la aeronave fue impactada con varios balazos de fusil en una acción con francotiradores del frente 33.
En aquella ocasión, la capital de Norte de Santander, como ha sucedido en los últimos meses por la sucesión de atentados del Eln, también padeció algo parecido, por las acciones lanzadas por dicha disidencia.
Es que en aquella oportunidad, días antes fue perpetrado un atentado terrorista contra la Brigada Treinta del Ejército, en cuyo interior fue detonada una camioneta cargada con explosivos.
Ese recorderis, más las acciones dinamiteras que también ejecutaron contra el aeropuerto internacional Camilo Daza, sirven para hacernos una idea precisa de este grupo que decidió darle la espalda al Acuerdo de Paz.
Nada bueno se sigue cerniendo sobre Norte de Santander, cuyo territorio está tomado por estructuras con cabecillas de esta categoría, sobre los cuales recaen circulares de la Interpol, pedidos de extradición y múltiples cuentas pendientes con la justicia colombiana por aspectos relacionados con desplazamiento, reclutamiento de menores, desapariciones, confinamiento, narcotráfico y otra clase de delitos y hostigamientos a la población.
La respuesta que desde el Estado debe darse pasa por la urgencia de mejorar, reforzar y vitalizar la inteligencia militar y policial preventiva a fin de poder contener, por ejemplo, que la operatividad necesaria para la preparación y ejecución de los atentados se desarrolle sin obstáculo alguno.
Entendiendo nuestra posición geopolítica, es necesario estructurar un plan conjunto con Venezuela, en materia de intercambio de información y de datos de inteligencia, al igual que se dé la labor coordinada con la justicia y fortalecer la vigilancia en la frontera con el vecino país. Esto es indispensable y urgente para cerrar dicho boquete generador de inseguridad.
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