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Editorial
Infraestructura vial
Norte de Santander y esta zona requiere más obras parecidas a la doble calzada Cúcuta-Pamplona que sí conllevó un giro de 180 grados en esta clase de proyectos.
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La opinión
La Opinión
Domingo, 12 de Julio de 2026

Los aguaceros en la zona sur del departamento sacaron a relucir, de nuevo, la vulnerabilidad en materia de conectividad de la que padecen Norte de Santander, Santander, Boyacá y Arauca.

El emblema fue la destrucción del puente metálico Caño Negro, en Saravena, dejando cortada la comunicación terrestre entre los territorios araucano y del Gran Santander.

Queda aquí servido un reto para el nuevo gobierno que se posesiona el 7 de agosto, en el sentido de pasar revista y determinar planes extraordinarios para garantizar una vialidad adecuada en esa región del país.

Lo primero que habría que determinarse es determinar las obras para la construcción de un puente en  Caño Negro, en el kilómetro 139, donde se encontraba la estructura que colapsó.

Es decir, tiene que procederse a tomar medidas de carácter definitivo, con el desarrollo de un proyecto que contemple  una adecuada infraestructura vial para atender los requerimientos en materia de transporte de pasajeros y de carga.

Esas debilidades tienen que ser superadas para alcanzar las metas tendientes a mejorar la competitividad regional  y para ofrecer las opciones que los departamentos de la zona, el sector empresarial y los habitantes necesitan con el fin de mejorar índices de crecimiento del PIB, el empleo y la productividad.

Algo para tener presente es que allí no puede ir a suceder lo mismo que vive El Tarrita (Ábrego), que completó tres años desde la avalancha y lo único que reluce en la zona son los puentes metálicos, provisionales, que no se sabe cuánto tiempo irán a permanecer prestando servicio.

E igualmente tiene que procederse por parte del Ministerio del Transporte y el Instituto Nacional de Vías (Invias) a darle prioridad a la carretera  de La Soberanía, con las obras requeridas y los recursos económicos  que sean necesarios, con el fin de que puedan corregirse  las fallas y superarse los problemas que aquejan la obra.

Es de recordar que en la actualidad este trayecto vial se encuentra en el foco de las críticas por los retrasos en su rehabilitación, pese a que las inversiones comprometidas por el Gobierno nacional ya superan el billón de pesos.

Aunque tal vez suene a algo así como llover sobre mojado, lo urgente y definitivo es que se le ponga punto final al cuello de botella del desarrollo regional provocado porque una red de carreteras que una a los departamentos y a ellos con el resto del país, solo existe en el papel, puesto que en la práctica sigue siendo una quimera.

Al seguir ocurriendo eso, cada que llueve o cuando se presentan taponamientos por cualquier otro motivo, de una vez aparece la incomunicación con sus pérdidas para la economía local y genera lo que se llaman costos de la ineficiencia, como reflejo de una infraestructura deficiente.

Norte de Santander y esta zona requiere más obras parecidas a la doble calzada Cúcuta-Pamplona que sí conllevó un giro de 180 grados en esta clase de proyectos, puesto que por ejemplo llevó al departamento a estar dentro de los que tienen túneles viales. Por lo tanto, las megaobras deben pasar a ser la mejor opción y no una excepción.


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