Al pico de los 7.200 millones de dólares de intercambio comercial entre Colombia y Venezuela se llegó en 2008, cifra que nos sigue mostrando la importancia económica de mantener las relaciones entre ambos países.
Después de aquel frenesí en el comercio exterior de los dos países, todo se vino abajo cuando ocurrió el rompimiento y se cerraron los puentes internacionales, en la peor crisis de esa naturaleza.
Mucho se habló en su momento de que la ideologización no podía llegar a tocar aspectos tan sensibles para los pueblos como las fronteras, el comercio y la seguridad, por los resultados negativos generados.
Y, precisamente, eso ocurrió. Las importaciones y exportaciones entre ambos países cayeron a cero, las trochas se convirtieron en la senda obligada, con todos los riesgos que implican, y se hizo fuerte el crimen transnacional, al igual que grupos como el Eln y la disidencia de las Farc.
Con ese antecedente de lo ocurrido entre los gobiernos de Iván Duque Nicolás Maduro, en la región se echó a rodar el bulo de que la frontera la cerrarían luego del triunfo de Abelardo de la Espriella como presidente.
Dicho rumor llegó a generar preocupación en el estado Táchira, especialmente en el eje San Antonio-Ureña. Pero después del empalme territorial del gobierno electo, en Cúcuta, la tranquilidad retornó.
“Vamos a mantener esta frontera abierta, más dinámica que nunca, estrechando y fortaleciendo los vínculos comerciales con Venezuela. Norte de Santander tiene el corazón en Colombia, pero su cordón umbilical es con Venezuela y eso no se lo vamos a cortar”.
Este es un compromiso importante para la región, como lo reconoció el designado ministro del Interior, Rodrigo Lara, y máxime cuando el comercio bilateral empieza a despegar con cifras que demuestran el interés de volver a los niveles de tonelaje y dólares del pasado.
Precisamente, datos del Departamento Nacional de Estadística (DANE), el comercio bilateral entre Colombia y Venezuela llegó en 2025 a 1.170 millones de dólares, con un crecimiento del 4,1 % frente a los 1.124 millones de dólares de 2024.
Volver a tener la frontera más viva de América Latina y lograr que se pongan en marcha proyectos bilaterales para que la región logre su consolidación en cuestiones básicas como la conectividad terrestre y plataforma logística-puerto seco multimodal binacional así como un centro de transformación de materias primas son metas por las cuales hay que trabajar en alianza entre los gobiernos y el sector privado.
La idea también es que a la par del mejoramiento de todos los índices de desarrollo económico y competitividad, también crezcan el empleo formal, disminuya la informalidad laboral y se reduzcan fenómenos sociales como la pobreza y la miseria.
Y, lógicamente, se requiere poner a tono lo relacionado con las acciones entre ambos países contra el crimen organizado que se instaló en la frontera, al igual que fortalecer el intercambio de inteligencia militar y policial, con el propósito de acabar los santuarios del Eln y la disidencia y bandas transnacionales.
La construcción de una frontera próspera, segura y abierta para todos, es la mejor opción para Venezuela y Colombia.
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