Hay un día internacional para la reducción del riesgo de desastres, que nos hace recordar de lo crítico que fue lo ocurrido con aquella acción de corrupción en la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos de Desastres (UNGRD).
Eso no debe repetirse, puesto que son dineros con una destinación vital, al estar dirigidos a planes y acciones tanto de prevención como de acciones para enfrentar la serie de fenómenos naturales catastróficos que registrados y aquellos cuya amenaza no puede dejarse pasar por alto.
Esto tiene gran importancia en países como el nuestro, porque frente a las situaciones como los terremotos, es necesario que se empiece a plantear que ciudades como Cúcuta, tengan sus estudios de microzonificación sísmica que a la postre marcarán la diferencia.
Pero también se debe tener en cuenta algo esencial para proteger la vida, la naturaleza y la propiedad, como es la conformación de cuerpos de bomberos en todos los municipios para lograr tender una red de prevención y atención de emergencias, entre las que se cuentan los ahora cada vez más frecuentes incendios forestales.
Todos esos detalles tienen que afinarse ahora que atravesamos también por un muy fuerte fenómeno de El Niño, que pone de nuevo en encrucijada las capacidades para cruzar por una temporada de esas con el alistamiento suficiente y los recursos económicos indispensables.
Luego hay que tomar conciencia para que los presupuestos y dineros de la prevención, atención y mitigación del riesgo de desastres reciban un cuidadoso manejo y lo más importante, que no vuelvan a caer en las manos de los corruptos por los serios peligros que un panorama de esas características puede llegar a desencadenar cuando aparezcan las calamidades.
En medio de eso hay también una cuestión que tiene que ver con las administraciones locales, el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y la misma ciudadanía.
Dentro del análisis global se habla que una adecuada forma de hacerle frente a los desastres es tener en cuenta la manera en que las viviendas se planifican, construyen, financian y mantienen.
Esos detalles tienen un alto grado para la determinación de si el riesgo se reduce o se genera.
Por lo tanto ahí se advierte lo necesario que es respetar las rondas de río, las zonas declaradas como de alto riesgo y no aptas para la construcción de viviendas, para de esa forma no generar un escenario que en el futuro pueda estar dando origen a situaciones en que la vida sea puesta en riesgo por no atenderse ni hacerse valer las normas vigentes.
Una acción combinada de gobiernos, autoridades locales, sector privado y hogares, es lo recomendable para que el bienestar y estabilidad de las comunidades no se ponga al filo de situaciones catastróficas.
Dentro de las ciudades se requiere que desde todos los ámbitos fluya la labor mancomunada a fin de que el desarrollo urbanístico sea organizado, planificado e inclusivo.
Debemos tener presente que el Marco de Sendaí para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015–2030 establece la reducción del riesgo de desastres como un esfuerzo centrado en las personas, y subraya que las políticas, los sistemas y las inversiones deben diseñarse en función de las necesidades y capacidades de los individuos y las comunidades, reconociendo que los riesgos y los impactos de los desastres no se distribuyen de manera equitativa entre la población.
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