La persistencia en los ataques contra la subestación de Guamalito (El Carmen) por parte del Ejército de Liberación Nacional (Eln) muestran la clara intención de continuar su avance hacia la consolidación estratégica en la subregión del Catatumbo.
Dentro de la guerra que el Eln libra con la disidencia de las Farc, ahora quiere dar muestras de poderío con su accionar de posicionamiento sobre una importante ruta usada por la criminalidad.
Es la conexión del Catatumbo hacia la Serranía del Perijá, el Sur de Bolívar y el Magdalena Medio, zona trascendental en la cual el Estado no puede perder sus constitucionales misiones de presencia y control con la Fuerza Pública y la institucionalidad.
Al binacional Eln, que ahora cuenta con unidades especializadas para el manejo de drones explosivos que los lanzan como enjambres contra instalaciones militares y policiales está violando el Derecho Internacional Humanitario.
Lo anterior porque la subestación destruida en Guamalito, se encuentra cerca de viviendas, en un patrón que caracteriza sus ataques como los cometidos contra el comando departamental de Policía, en Cúcuta, y la estación en Los Patios.
Por todo lo anterior es necesaria la contención porque, por ejemplo, esa zona rural carmelitana no puede quedarse desguarnecida en materia de vigilancia permanente ante los riesgos de incursiones de los grupos armados que amenazan esa localidad nortesantandereana.
El alcalde José Reinel Contreras Yaruro se encargó de precisar la importancia de Guamalito y por qué no es nada bueno que los 21 agentes de las destruidas instalaciones hayan sido evacuados.
El corregimiento-dijo en declaraciones a los medios de información- porque es la puerta de entrada y salida hacia el departamento del Cesar; cuenta con unos 3.000 habitantes y es incluso más grande que la cabecera municipal de El Carmen, donde residen unas 2.500 personas.
A esas insistentes apariciones de la guerrilla para dejar reducida a escombros la subestación deben las autoridades responder con unas medidas no solamente reactivas sino definitivas, como es la de reconstruir en el mismo lugar un cuartel policiaco de mejores especificaciones o hasta blindado, como se hacía en otros tiempos.
La comunidad de esa región del departamento espera que dentro del punto relacionado con el “fortalecimiento de las estaciones de Policía con cámaras y sistemas antidrones” se tenga prevista la solución para Guamalito.
Además, esa zona tiene que ser puesta bajo permanente monitoreo y con el afinamiento de las capacidades de inteligencia militar y de la Policía, para anticiparse a cualquier hecho violento, prevenir que la población civil siga siendo hostigada y emprender operaciones ofensivas que conduzcan a capturas y a desbaratar planes y estructuras al margen de la ley.
Romper las redes que sirven para la obtención de recursos que finalmente van a financiar la violencia y la sofisticación del arsenal con los drones de la muerte, hay que romperlas golpeando el robo de combustible, el narcotráfico y la minería ilegal.
Que los planes anunciados en esos campos arrojen los resultados esperados por la ciudadanía, aunque debe insistirse en la cooperación, el intercambio de información y el apoyo de inteligencia con el gobierno y las autoridades judiciales de Venezuela, cuyo territorio fronterizo sigue siendo retaguardia de organizaciones como el Eln, con el propósito de acabar con ese santuario.
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