Cúcuta, donde lo normal es tener dificultades para conseguir una dirección, padece de este problema porque hay 25 formas de nomenclatura que convierten todo en un laberinto.
Lo particular del caso es que, aunque hubo un gran avance que tenía previsto renovar hasta en el 80% el conjunto de símbolos alfanuméricos que designan vías y predios de la ciudad dentro de la nomenclatura urbana, todo se quedó engavetado.
La otra conclusión que en esa ocasión quedó reseñada es que la zona céntrica, desde las riberas del río Pamplonita hasta los cerros de Atalaya y de la Diagonal Santander hasta Santo Domingo y San Rafael, no se alterará, ya que es el sector más ordenado de la ciudad en materia de direcciones.
Pero sin embargo, el estudio que se hiciera en la administración del entonces alcalde Donamaris Ramírez no fue aplicado y hoy la capital de Norte de Santander sigue teniendo dificultades por este desorden.
Lo cierto es que debe organizarse porque no puede seguir siendo posible que la capital de Norte de Santander continúe con direcciones repetidas, confusas y muchas veces inexistentes. Las ciudades están en la obligación de facilitarles la vida a sus habitantes, entre otras cuestiones como las relacionadas con el ordenamiento territorial, la movilidad y la prestación de los servicios públicos, que hacen parte de la nomenclatura.
Por lo tanto, los cucuteños esperan una pronta determinación gubernamental para ponerle punto final a ese jeroglífico urbano, el cual se ven obligados a descifrar haciendo uso de las señales o referencias para llegar a numerosos sitios.
El beneficio de contener el desarrollo irregular y desordenado se refleja en facilitar la orientación y el desplazamiento de los habitantes. Ayudar a las autoridades en la gestión, registro y planificación urbana. Y reflejar la historia y cultura de la ciudad.
De acuerdo con lo expuesto en el trabajo periodístico publicado en la edición dominical de La Opinión, hace cerca de once años el plan técnico elaborado por cartógrafos y geógrafos del IGAC con experiencia en proyectos similares en otros países se quedó ahí.
Ojalá que ahora no se vaya a repetir lo sucedido en aquel entonces. Esto, porque se ha anunciado que la Alcaldía de Cúcuta determinó reabrir el procedimiento para que ojalá se pueda contar con una nomenclatura donde cada una de las vías y predios tenga identificación única.
Ahí es indispensable la acción coordinada entre el gobierno municipal, las empresas de servicios públicos, la Cámara de Comercio, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi y gremios como el de los constructores.
A planificar y decidir sobre lo que ya existe es la opción más factible para entrar a integrar las áreas en donde se ha registrado expansión urbanística para que tengan su lugar dentro de la señalética.
Ya existe un avance importante que implicó la toma de 588 imágenes fotográficas digitales, el cubrimiento del 100 % del área urbana, la elaboración del fotocontrol con GPS para georreferenciar las imágenes, lo cual indicará que habrá tiempo suficiente para proceder a adelantar las gestiones técnicas y presupuestales para que la ciudad estrene una nomenclatura única, universal, flexible y clara.
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