La acechanza de estafadores encubiertos como Donjuanes o damas enamoradas para luego dejar en maltrechas condiciones económicas y emocionales a sus víctimas, es un 'romántico' riesgo latente en Colombia.
Para ello usan todas las formas de cortejo que incluyen, además, las redes sociales dentro de lo que se conoce como 'romance scam'.
Y, lógicamente, se advierte en muchos casos la selección de quienes van a ser objetivo de esa trampa por intermedio de Cupido, entre los que figuran extranjeros, viudas, pensionados y personas que cuenten con bienes y dinero.
Aunque el Código Penal no lo tipifique con ese nombre especial, la verdad es que debe andarse con cuidado para no caer en las redes de esos amores que estafan y pueden dejar las cuentas bancarias desocupadas o los inmuebles en poder de quienes convencieron con besos y abrazos para que se los traspasaran.
Aunque no se debe incurrir en el extremo de desconfiar o de generar un ambiente de delirio de persecución, lo mejor es ser precavido.
El informe especial sobre este tipo de casos publicado por La Opinión en su edición dominical da pistas concretas en cuanto a las particulares formas de actuar de los embaucadores para robarse el corazón y las propiedades de quienes cayeron rendidos a ellas o ellos.
Esto nos lleva a entender que la inseguridad no es solamente una pistola apuntando o un cuchillo amenazante o una manada de atracadores en moto, sino que también se esconde detrás de una rosa, un chocolate, una serenata o una caricia para producir múltiples daños.
Y como si ya en esta región del país no tuviéramos suficientes de problemas de seguridad y de orden público, Cúcuta sufre de las estafas amorosas junto con Bogotá, Cali y Medellín por la alta dinámica migratoria y la frecuente interacción de ciudadanos colombianos y extranjeros, teniendo presente los casos por los abogados.
Como esta forma específica de estafa no se detendrá, lo recomendable es la prevención evitando quedar atrapados en fantasiosas promesas de amor que despierten sospechas, porque hay un elemento adicional que viene a empeorar el panorama.
Después de que alguien sufrió pérdidas económicas por ese amor que resultó siendo fraudulento, vienen el despecho, la depresión y los sentimientos de culpa que a la postre terminan ocasionando enfermedades y provocando efectos en el comportamiento social de quienes sufrieron un episodio traumático de esa naturaleza.
Corresponde a la administración de justicia aplicar la máxima condena a quienes incurren en dicha práctica, mientras que las víctimas deben denunciar entregando la máxima cantidad de pruebas posibles y las autoridades locales fortalecer los servicios de atención de salud mental con los profesionales en la materia para que presten la atención especializada, al tiempo que instituciones como la Policía, en alianza con la Alcaldía, la Gobernación y la academia, lancen campañas para advertir que a las sombras de amar y ser amado se puede terminar siendo estafado por delincuentes profesionales en usar el afecto como herramienta para ejecutar el fraude.
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