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Editorial
Villacaro
“Hay algo positivo en equivocarse, la oportunidad de rectificar.” Anónimo.
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Jueves, 21 de Junio de 2012

Le debo pedir a don Luís Alberto Flórez Castro y a mi dilecto amigo Miguel Andrade Yáñez y a todos los villaquerenses, no solo el perdón sino el olvido por la utilización de una frase que recogió un prejuicio de tiempos inmemoriales y que afectó a todos los pueblos del occidente del Departamento -incluído el mío-y que por razones obvias, jamás repetiré.

Como en occidente casi todos los estudiantes éramos parientes en todos los grados, en el núcleo de pueblos que giraba alrededor de Gramalote, Lourdes, Salazar, Villacaro, Sardinata y Bucarasica, en las temporadas de vacaciones, fraternalmente nos juntábamos cotidianamente en cualquier pueblo, por que ellas, en julio y en diciembre eran como el regreso de la diáspora. Sí, una diáspora que iniciábamos de niños que a los siete años ya andábamos por lo internados desde Ocaña y Pamplona hasta Bucaramanga, Tunja e intermedias, con Terciarias, eudistas, jesuitas, Hermanos Cristianos y seglares. Tanto, que a los diez años, los niños “caspa”, ahora “índigos”; de colegio en colegio conocíamos medio país.

Villacaro que realmente ahora es más nuestro- basta identificar apellidos y topografía - en razón del mismo anillo vial, desde que se conectó a Cúcuta con Gramalote por el Carmen de Nazaret y que con el tiempo será turísticamente la vuelta a Occidente; en nuestros tiempos estudiantiles era como un sueño, un  largo viaje a caballo, a siete horas de Lourdes, de Gramalote o Salazar, a cinco horas de Bucarasica y a un día, de seis a seis, de Sardinata, haciendo equilibrios en el lomo de la bestia y bordeando mesetas y precipicios, cruzando muchas veces los mismo ríos y quebradas con el verde, verde tierno de parcelas y potreros y el cruce oscuro de uno que otro bosque. Pero allí estaban los amigos, con quienes únicamente compartíamos aventuras en los claustros delos internados.

Yo casi realizo el sueño completo de llegar al atrio del templo de San Pedro. Desde Lourdes teníamos dos opciones para llegar a Villacaro. Tomando el “camino real”, saliendo por Dardanelos, ascendiendo la interminable cuesta de “Los pinos” y pisar la tierra prometida en la vereda “La Pajuila” que siempre dijimos que era nuestra y era de ellos y aún así, le colocamos mesas de votación y era como nuestro -cincho-, pues los resultados electorales de allí, eran los últimos en llegar. Hasta que en conversaciones cordiales de parientes y componedores y de copartidarios, retiramos las mesas y el inspector de policía.  La otra opción era llegar por la vereda de Balcones, donde don Esteban Villamizar, abuelo de los doctores Salgar Villamizar poseía un hato lechero.

Alguna vez, nos inventamos otra ruta desde Lourdes, con el médico Guillermo Latorre, los 4 hermanos mayores de los Rojas Arias y Jorge Lizarazo y armamos la cabalgata, subiendo por El Alto, llegando al Páramo del Espartillo y convergiendo a las veredas de Agua Negra y de Palermo, pero el aguardiente y la comilona en la finca de los padres del Pecoso Osorio compinche de Jorge, no nos dejó llegar al atrio de San Pedro. El último intento lo realicé, ya siendo universitario en compañía de mi novia de entonces Marie Kae Ennis, una gringuita de los Cuerpos de Paz, en compañía del cura de Lourdes, el alcalde, sus concejales e inauguramos la escuela de “La Pajuila” que al final perdimos, por metidos.

Recordar es vivir y a Villacaro del que conozco su bellísimo entorno verde y mucha gente noble, para mí sigue siendo un sueño: tendré que estar en el atrio del templo de San Pedro.

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Adenda: Otra ingenuidad del sector privado local: Meter a la  cárcel la directiva de Ecopetrol. El asunto no es de vedettes. ¡Las vainas de Lombana! Hay que temerle a Dios y a hacer el oso.

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