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Editorial
Vístanme despacio que estoy de afán
Nadie puede negar el protagonismo que en el último año corrido ha venido ganando  el sector agropecuario, haciéndonos recordar la importancia que otrora tuvo la nostálgica Asociación Nacional de Usuarios campesinos (Anuc), por allá en los años de la Reforma Agraria del doctor Lleras Restrepo. Eran otros tiempos con un país mayoritariamente rural, producción nacional protegida y un entorno socioeconómico bien diferente al que estamos viviendo en la actualidad.
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Viernes, 9 de Mayo de 2014

Nadie puede negar el protagonismo que en el último año corrido ha venido ganando  el sector agropecuario, haciéndonos recordar la importancia que otrora tuvo la nostálgica Asociación Nacional de Usuarios campesinos (Anuc), por allá en los años de la Reforma Agraria del doctor Lleras Restrepo. Eran otros tiempos con un país mayoritariamente rural, producción nacional protegida y un entorno socioeconómico bien diferente al que estamos viviendo en la actualidad.

Lo de hoy no es otra cosa que una explosión social, producto de la serie de errores que en la aplicación de política pública rural los gobiernos han venido ejecutando, inclusive desde  que obtuvimos nuestra independencia.

Por supuesto, a la presión que los errores históricos le aportan al momento actual, se suma, no solo la muy inconveniente inclusión en nuestra carta política  de la reelección inmediata, con un candidato presidente que  a toda costa aspira a regir por cuatro años más el destino de nuestra querida Colombia, sino el nivel político de las actuales negociaciones de La Habana.

Tanto campesinos como gobierno, tienen muy claro lo que está en juego, y saben que en menos de  quince días, los unos pueden comprometer al gobierno hasta lo inimaginable, y este último, a cambio, garantizar su permanencia en el trono.

Lo anterior obliga al gobierno a ofrecer recursos para el campo colombiano en cuantías nunca antes soñadas- lo cual no está para nada mal- lo peligroso es que el destino y propósito de tan codiciados recursos, se distraigan por su afán de rápida aplicación, en muchas pequeñas soluciones, que si bien producen alguna tranquilidad transitoria, carecen en su esencia de fondo estructural que garantice efectos  en el largo plazo.

Poco más de un billón de pesos será prontamente distribuido, basándose en una estructura institucional que ha permanecido oxidada en los últimos 20 años - los Consejos Municipales de Desarrollo Rural - los cuales se convocan de manera urgente, con el propósito de  priorizar cuatro proyectos de doscientos cincuenta millones cada uno por municipio, pretendiendo “curar” de esta manera, las muy profundas enfermedades que aquejan al sector agropecuario.

Creen ustedes que tres, cinco, o diez años sin intereses para el pago de las deudas de los pequeños productores es la solución. No señores, en la medida que los costos de producción alcancen niveles como los actuales, los tractores vetustos no puedan ser remplazados y lo poco que producimos lo tengamos que sacar a los mercados en burro y malvenderlo  presionados por la entrada indiscriminada de productos del exterior, las medidas adoptadas a la carrera y presionados por los paros y unas encuestas que no les favorecen, solo servirán para bajar la fiebre del paciente.

De manera pues que  no por madrugar, amanece más temprano, lo que falta en el campo es una política rural clara que no conoce modelos inmediatistas y menos largas listas de mercado con proyectos sin ninguna trascendencia.

Nota: Como que no está claro quién fue el autor de la frase del título del artículo. Me dicen que se trató de Napoleón; averígüenlo porfa.

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