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Editorial
Volvió el optimismo
Gracias a un joven futbolista, que ha puesto muy en alto el nombre de Colombia en Europa, hemos recuperado algo que creíamos perdido para siempre: el optimismo.
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Sábado, 20 de Octubre de 2012

Gracias a un joven futbolista, que ha puesto muy en alto el nombre de Colombia en Europa, hemos recuperado algo que creíamos perdido para siempre: el optimismo. Basta ver las inmensas legiones de muchachos de ambos sexos, vistiendo orgullosos la camiseta nacional, para saber que estamos contentos, muy contentos, con inmensa fe en el futuro, no solamente como resultado de las buenas cifras en la eliminatoria para el mundialde Brasil, sino también por las posibilidades de alcanzar la paz, gracias a las negociaciones que, por iniciativa del presidente Juan Manuel Santos, se llevarán a cabo en próximas semanas.

Como no ocurría desde los tiempos del Pibe Valderrama y el Tino Asprilla, hemos vuelto a tener un futbolista que saca la cara por nosotros, Radamel Falcao García, un samario que está brillando en España y logró la hazaña de convertir los goles definitivos, por ahora, para llevar el combinado patrio al mundial de Brasil, una cita deportiva que congrega a lo mejor del balompié mundial y de la cual estuvimos ausentes en las últimas oportunidades, básicamente por la falta de buenos profesionales y de un técnico serio y responsable.

Con solo presenciar las manifestaciones de alegría de los millones de aficionados congregados ante los televisores era suficiente para saber el orgullo y el optimismo que ha regresado a Colombia y que nos permitirá, además de lograr la clasificación al mundial, encarar las difíciles negociaciones con los voceros de la guerrilla comunista que ha atormentado al país desde los oscuros días en los que el liberalismo perdió el poder por la elección de Mariano Ospina Pérez, hecho que nos condujo a la época conocida con el nombre genérico de ‘’la violencia’’.

Primero en Oslo y después en La Habana, representantes de la guerrilla y del Gobierno tratarán de llegar a acuerdos sobre temas tan candentes como la política agraria, la participación política, el proceso para finalizar el conflicto, la solución al problema de drogas ilícitas, la reparación de víctimas y la implementación de los puntos acordados durante las deliberaciones, que no tienen duración definida para evitar que se entorpezca el acuerdo que buscará conseguir la paz en Colombia después de miles de muertos, la destrucción de muchos poblados y propiedades estatales, además de un enfrentamiento que tiene divididos a los colombianos en dos sectores aparentemente irreconciliables después de una guerra que solo dolor, muerte y destrucción ha producido en esta atormentada patria, la única que sigue sufriendo una guerra civil no declarada.

No va a ser fácil el acuerdo. Hay muchos enemigos de la paz en ambos bandos, donde continúan reinando el resentimiento y el odio, sentimientos obvios después de una confrontación en la que han encontrado la muerte muchos de los mejores hijos de la Colombia inmortal. Gente de la mejor condición, como varios candidatos presidenciales. Oficiales, policías y soldados han encontrado la muerte en muchos rincones de la patria. También han perecido quienes tomaron el camino equivocado de la subversión y de la guerra sin cuartel que le ha costado la vida a dirigentes que creyeron derrotar al establecimiento mediante el uso de las armas y que fueron eliminados en todo tipo de combates, incluyendo bombardeos. La guerra se llevó a elementos valiosos que hubieran podido aportar sus luces para la solución de los problemas, incluyendo al más grande de los caudillos que ha producido Colombia, Jorge Eliécer Gaitán, quien vaticinó que en caso de ser asesinado, ‘’las aguas no se calmarían en sesenta años’’. Y eso ha ocurrido hasta ahora, pero el presidente Juan Manuel Santos hará un  nuevo esfuerzo, el cuarto en los últimos años, para conseguir la esquiva paz. Que, ojalá Dios nos oiga, nos permitiría una época de desarrollo y progreso que no hemos podido alcanzar porque nuestros recursos, una suma que se calcula en casi $30 billones al año, se dedica a la compra de armas, uniformes y pertrechos.

Enemigos de la paz hay montones, incluyendo muchos periodistas. El desafío para Santos, si quiere pasar a la historia, es derrotar a los que aman la guerra. GPT

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