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Editorial
Votemos igual que los paisas
En este momento Medellín es la más promisoria de las capitales colombianas y se disputa codo a codo con las principales urbes latinoamericanas los renglones más altos de las tablas de competitividad regional. Ha llegado así de lejos, en parte por la pujanza de su sociedad civil y de sus organizaciones empresariales, pero sobre todo por la responsabilidad con que sus gobiernos locales se han integrado con los actores sociales y económicos para encauzar juntos el desarrollo de Antioquia.
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Martes, 20 de Mayo de 2014

Hace cuatro días un periódico inglés mundialmente prestigioso, The Telegraph, publicó un extenso reportaje titulado “Una mirada a Medellín: cómo la ciudad de Pablo Escobar se convirtió en el Silicon Valley de Suramérica”. De su lectura se concluye que aun cuando desde hace varios años Medellín tiene condiciones de competitividad básicas como buenas universidades, empresas grandes y buena infraestructura de movilidad y servicios públicos, el despegue definitivo de la ciudad comenzó hace muy poco, con la llegada de gobernantes locales capaces de integrar en una sola visión del desarrollo regional a actores antes dispersos y llenos de mutua desconfianza.

¿Quiénes son los líderes de la nueva democracia local y del reciente auge cívico y económico de Antioquia, en quienes ahora confía el electorado paisa? En primer lugar son personas que no son uribistas. No son terratenientes. No son caballistas de poncho y pistola dedicados a la ganadería extensiva en grandes latifundios improductivos. No tienen vínculos de ningún tipo con el paramilitarismo y mucho menos con el narcotráfico. Son personas de la clase media, donde encuentran también su base electoral. Tienen amplia aceptación entre el empresariado industrial antioqueño. Tienen un buen expediente académico. Los tres nombres de esa nueva generación de líderes paisas que más suenen en Colombia son, sin duda, Sergio Fajardo, Alonso Salazar y Aníbal Gaviria. En cambio no integran esa lista personas como Álvaro Uribe o José Obdulio Gaviria, que se asocian más con un pasado dramático que la nueva ciudad sigue esforzándose por superar.

Cuando oigo decir en las calles de Cúcuta que los paisas residentes en nuestra ciudad, de cuya capacidad empresarial tanto debemos aprender nosotros, van a votar por Zuluaga y por Uribe, de inmediato pienso en lo distantes que están ellos del reciente florecimiento económico, político y cultural de su terruño, en donde Uribe es cosa del pasado y hace rato que le están apostando a liderazgos renovadores.

De lo que les cuento resulta un argumento útil para que el domingo decidamos nuestro voto: el uribismo centra su idea de orden social en la intolerancia y el rencor, motivos que si acaso encuentran justificación en las heridas que ha causado nuestro largo conflicto interno, no son útiles para encontrarle salidas razonables a los problemas país, aunque sean muy buenos para hacer política demagógica que se vende bien, y buenos también para justificar arbitrariedades y atropellos en nombre de “intereses superiores de la patria” que no son tales si se definen a partir de la intolerancia y el rencor.

Hagamos con el uribismo y Zuluaga lo que ya hicieron sus propios paisanos antioqueños que los conocieron mucho antes que el resto del país: dejémoslos atrás porque hacen parte del pasado doloroso del conflicto colombiano. Optemos por líderes más sintonizados con la modernidad, la democracia, y el Estado de Derecho. Personalmente opto por Juan Manuel Santos. Tiene muchos defectos y está muy lejos de la perfección, pero su apuesta por la paz y el diálogo político en las conversaciones de La Habana es también la apuesta mía como ciudadano.

pedroduranbarajas.blogspot.com

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