Gracias a las actuaciones de un conjunto deportivo, que puso en alto el prestigio de una nación acosada por los delincuentes de todos los pelajes, regresó a nuestros corazones la esperanza de que, como dijo hace varios años el inolvidable expresidente Alfonso López Michelsen, uno de los hombres más inteligentes que ha producido el país del sagrado corazón, ‘’los grandes días están por venir’’. Ojalá eso sea cierto y no volvamos a caer en las garras de la extrema derecha que, orientada por Alvaro Uribe, quiere regresar a la Presidencia para entregar el país nuevamente a organizaciones que con el cuento del anticomunismo han cometido todo tipo de delitos.
Es innegable que la maravillosa actuación de la selección nacional de fútbol, ubicada ahora en el cuarto escalón del escalafón mundial, nos regresó a épocas en las que todos estábamos unidos con el mismo pensamiento y las mismas esperanzas. Para saber cómo recibió el país la clasificación al mundial de Brasil de 2014, fue suficiente ver a las gentes de todos los estratos abrazándose y felicitándose en restaurantes, cafés y sitios públicos sin que nadie le preguntara a los demás su partido político, su equipo de fútbol y su candidato presidencial preferido. Todos éramos una sola Colombia ese día glorioso e inolvidable en que los gladiadores vestidos de amarillo le devolvieron la confianza a un país, dominado por la incertidumbre en momentos en que se espera alcanzar la paz después de más de medio siglo de guerra, de combates, de muerte, de secuestros y de tristeza.
A algunos escépticos les parecerá absurdo que la gente haya enloquecido por la clasificación a un campeonato mundial de fútbol, pero las manifestaciones de alegría que se vieron en Colombia fueron iguales a las que tuvieron lugar en Argentina, Costa Rica, Ecuador y todos los clasificados, en tanto que la tristeza invadió aquellos países que no clasificaron o que tendrán que esperar una nueva oportunidad. El mundial, no hay que olvidarlo, es una oportunidad que sólo se presenta cada cuatro años y reúne a los mejores de un deporte que reina en todo el planeta y es presenciado por televisión por millones de aficionados. Colombia es país tan absurdo que es el único que, por disposición del inepto presidente Belisario Betancur, ha renunciado a la realización del certamen, dizque para destinar el dinero de la organización a construir escuelas y hospitales, Y ni lo uno ni lo otro; no hubo mundial y no hubo escuelas, pero si hubo la toma del palacio de justicia y el desastre de Armero .
Pero el tema es otro. Con el logro de la selección se pudo recuperar algo que se había perdido en los últimos meses, a raíz de las marchas campesinas y los problemas con los mineros, los paperos, los cebolleros, los estudiantes y los indígenas, emberracados por su pobreza y sus necesidades. Se recuperó en algo la confianza de que somos capaces de todo. Como gritaron los miles de aficionados en el estadio de Barranquilla: ‘’Si se puede’’. Y se pudo, a pesar de que hubo un momento de peligro que arrancó oraciones. Pero logró más la fuerza de 44 millones de almas, que confiaron en la posibilidad de conseguir un tiquete al mundial, un logro que estuvo lejos de nuestras manos durante 16 años Muchos colombianos, creyentes en el poder de Dios y en la ayuda del cielo están confiados en que vendrá una ayuda no sólo para nuestros deportistas sino para nuestros gobernantes, que tienen gigantescos problemas, el mayor de los cuales es conseguir un acuerdo con la guerrilla, que ponga fin a más de medio siglo de guerra civil. GPT
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