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Editorial
Y después de la paz, ¿qué?
Amables lectores: con moderada esperanza y optimismo, un porcentaje de la población colombiana recibió la noticia del inicio de diálogos entre grupos insurgentes y el actual gobierno. Otra fracción importante de nuestra sociedad mira con escepticismo este proceso porque en anteriores oportunidades, 6 por lo menos, que han tenido estos grupos sólo dieron muestras de falta de voluntad y compromiso con el pueblo colombiano.
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Martes, 13 de Noviembre de 2012

En efecto, cuando se quiere algo no se ponen palos a la rueda sino por el contrario se franquean todos los caminos hacia el logro de ese anhelo tan buscado. Hagamos una reflexión sobre cuales son las causas que nos han llevado a esta crítica situación:

La inequidad social en nuestro país sigue siendo de las más altas en el mundo. Estamos ubicados en los primeros lugares de los países más inequitativos y aun no estamos dando los primeros pasos para transformarnos en una sociedad más justa e incluyente. En búsqueda de este objetivo se requiere de una profunda renovación del sistema educativo que nos lleve a la evolución en las áreas empresariales, industriales, políticas y económicas. La única equidad que se ha logrado en Colombia es la de zurdos y derechos pues para ambos ya se construyen pupitres.

Abandonemos los antecedentes ideológicos y sociales, “si es que algún día existieron” como origen del actual conflicto y enfoquémonos sólo en el área económica. ¿Cuántas hectáreas de nuestro territorio aun mantienen extensos y rentables cultivos de coca que representan millones de dólares como atractivos ingresos para cualquier organización? ¿Cuáles serán las estrategias que plantearán ambas partes para cambiar la forma de pensar y las conductas de estos miembros de la sociedad que han crecido y vivido acostumbrados a comportamientos violentos y dineros fáciles? ¿si son sinceros los grupos insurgentes en este proceso cuando niegan tener secuestrados? No es lo mismo devengar un exiguo salario cumpliendo horario estricto durante 30 días que recibir una gruesa suma por una tarea de exterminio. No se puede continuar en la inconciencia ni durmiendo con los ojos abiertos.

¿Se ha detenido usted a pensar cuantos billones de pesos se consumen con la corrupción?. Algunos expertos opinan que este despojo puede alcanzar anualmente los 10 billones. Que indignación produce ver los avivatos sin escrúpulos apropiarse de recursos destinados a la salud, educación, vivienda, vías y hasta de auxilios a damnificados y generalmente sin sanción. Tenemos que reconocer que nuestra sociedad está enferma afectada no sólo por la violencia insensata sino peor aún por la corrupción instalada cómodamente en todos los estamentos del país facilitando toda suerte de inequidades y frenando el desarrollo.

La paz no se produce como resultado de dejar las armas y por decretarse un cese de hostilidades esto se llama un pacto de no agresión. Pero entonces ¿que es la paz? Podemos decir que es un respeto por los derechos del otro, es una convivencia armónica con otros y con el medio ambiente. Es equidad, oportunidades, honestidad, solidaridad, compromiso, trabajo, desarrollo. Es hacer a un lado los prejuicios, la discriminación social, las diferencias de clase, es concebir la vida sin odios ni venganzas, entendiendo que todos cometemos errores y aplicar el don del perdón. Creo que en esto nuestra justicia debe ser rápida aplicando la ley sin venganza y lejos del show circense que vivimos en la actualidad.

Sea el momento propicio para instar a las universidades, equipos interdisciplinarios y a ustedes amables lectores para reflexionar acerca de ¿hay una verdadera voluntad de paz? ¿Está preparada nuestra sociedad colombiana para el cambio estructural radical que amerita? ¿Cuál es la fórmula para detener la corrupción? ¿Quiénes y cómo escrutarán los bienes con los que se pretende hacer reparación a tantas víctimas de la violencia? Y sobretodo, ¿qué puede usted aportar a la paz?

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