La espera ha terminado. La segunda parte de la serie ‘Cien años de soledad’ se estrena esta semana (miércoles 5 de agosto), siendo una de las producciones más esperadas por los suscriptores de Netflix, tras el fenómeno en el cual se convirtió la primera parte.
Laura Mora, quien dirigió varios capítulos de la primera parte, esta vez, se encargó de la mayoría de capítulos y asumió la dirección general del proyecto, ahora en compañía del también colombiano Carlos Moreno. Dos de los directores más importantes del cine colombiano en los últimos años.
Laura Mora viene desarrollando una carrera brillante, tanto en sus películas de autor, como en las producciones para plataformas. Con su película ‘Los Reyes del Mundo’, fue ganadora de la Concha de Oro a mejor película en el del festival de cine de San Sebastián, donde también recibió el premio Signis y el premio Feroz entregado por la prensa. Uno de los más grandes triunfos internacionales en la historia del cine colombiano.
Ha dirigido series para Netflix como ‘Frontera Verde’ (2018) y ‘El Robo del Siglo’ (2019). En el 2012 dirigió junto a Carlos Moreno la serie ‘Escobar el patrón del mal’, con quien ahora dirige ‘Cien años de soledad’, quien en 2008 sorprendió con su ópera prima ‘Perro Come Perro’ (2008), que se estrenó en el Festival de Sundance y ganó más de 14 premios internacionales, incluyendo el Premio Coral en el Festival Internacional de Cine de La Habana.
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A lo largo de su trayectoria, ha creado obras aclamadas como ‘Todos Tus Muertos’ (2011), que también tuvo una exitosa presentación en Sundance, y ‘Que Viva la Música’ (2015), inspirada en la novela de Andrés Caicedo.
Su obra más reciente, ‘Los Iniciados, El Diario de las Sombras’ (2024), se basa en el universo literario de Mario Mendoza y ha sido producida para Amazon Prime Video, lo que lo ha consolidado como una figura esencial en el cine latinoamericano.
Laura Mora y Carlos Moreno hablaron con Colprensa sobre la experiencia de dirigir los capítulos de la segunda parte de ‘Cien años de soledad’.
De regreso a Macondo
-¿Cuáles eran las expectativas que tenía antes de comenzar este ambicioso proyecto y cómo terminó siendo la realidad que vivió a lo largo de los 16 capítulos?.
Laura Mora: Al principio tenía muy poca expectativa porque yo también fui una de esas personas que la primera vez que oyó que se iba a hacer una adaptación de ‘Cien años de soledad’ dije: "¡Están locos! ¿Cómo se meten con esto?".
Luego accedí a trabajar la primera parte de la serie precisamente porque vi quiénes estaban alrededor y me pareció gente muy inteligente, que admiraba muchísimo y dije: "Okay, de la mano de ellos voy”, y tuve la posibilidad de dirigir tres capítulos que fue un gran proceso de aprendizaje, de dirigir a una escala a la que yo nunca había dirigido.
Yo vengo de hacer mis películas que son muy pequeñas, pero aquí tuve que entender primero el tamaño del proyecto, y siento que fue aquí donde de alguna manera aprendí a filmar con esas grandes coreografías y con muchos personajes.
Y luego, en esta segunda parte me convocaron para dirigir cinco capítulos, estar como cabeza creativa del proyecto y la posibilidad de volver a trabajar con Carlos Moreno.
Fue una responsabilidad mayor. Era sentarme a entender, reentender y releer una vez más la novela para enfrentarme a la segunda parte del libro, que me parece la más fascinante y cómo podría también traer yo mi mirada, mis preguntas estéticas e intelectuales para intentar hacer una serie más compleja, dar una una temporada que pudiera ser tan enorme como es ese final, tan cargado de sentido y de capas de lecturas como lo logra en el libro.
Repensamos y reescribimos mucho, por eso también nos demoramos un poco, porque no seguimos en piloto automático, lo cual fue parte del aprendizaje. Realmente repensamos todo lo que hicimos en la primera parte y pensamos hacia dónde la podíamos llevar para que sea más cinematográfica, que es mi lugar.
-En el caso de Carlos Moreno, llegó a la dirección para esta segunda parte…
Carlos Moreno: Tuve un aterrizaje muy feliz. Laura me invitó al proyecto porque era la parte de los relatos, quizás, en la que me sentía más cómodo.
Yo admiro mucho a quienes hicieron la primera temporada, porque era casi que abrir el telón de un nuevo universo y proponérselo al público con unos personajes, lo cual es un desafío muy grande, una tarea difícil.
Yo llegué en un universo que ya estaba instalado, pero digamos que venía instalado Macondo primitivo que es una utopía, con esa falsa promesa que se empieza a vencer en esta segunda temporada, para darle inicio al declive.
Me interesaba mucho eso, lo sentía mucho más cerca. Ese mundo en el que llega la modernidad Macondo, que llega el capitalismo, que llega el conflicto social, que llega la violencia política. Eso lo siento más cercano, y de hecho, creo que en mi generación todos lo hemos vivido.
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-Cuando se anunció que ‘Cien años de soledad’ se convertiría en serie, muchos pensaron que era una locura, pero se estrenó la primera parte y fue todo un éxito, ¿cómo fue trabajar esta segunda parte teniendo el peso del éxito de la primera?
Laura Moreno: Yo soy muy crítica con el éxito, soy muy autoexigente. Me parece muy peligroso dejarse confundir por ese ruido que yo siento que no es a lo que estamos convocados. Nosotros estamos convocados a exigirnos, a realmente pensar en imágenes, entonces yo preferí estar más en el silencio y leer a los críticos que me interesa leer, porque respeto mucho la disciplina de la crítica, casi como un arte, porque creo que ha contribuido enormemente y culturalmente.
Ese éxito no tuvo mucho efecto en mi trabajo y me enfoqué en buscar qué podemos hacer mejor, qué tenemos que replantear, cómo volvemos la novela en serie, cómo de ese universo ya creado, que es hermoso, cómo lo vamos a llevar a la decadencia. Creo que lo mejor que nos pasó fue ser humildes y reflexivos frente a ese fenómeno que se estaba dando.
Fuimos sin miedo a elevar el nivel de la serie y a intentar elevar también al espectador de esa manera.
Entre directores
-¿Me causa curiosidad saber cómo se seleccionan o cómo se dividen dos creadores los capítulos de una serie de esta magnitud?.
Carlos Moreno: Eso viene casi desde el cuarto de escritura. Laura abre esta segunda parte con el universo que se conecta con la primera parte.
Me encantó hacer los episodios que me asignaron porque siempre que los leí me sentí identificado al ser episodios que inauguraban un personaje como Fernanda del Carpio, que tenían potencialmente ironía y humor negro que a mí me gusta mucho.
Luego la llegada del tren y la llegada de los gringos, que también abre su universo, digamos, la gran puerta de la caja de Pandora con la llegada de la modernidad y la promesa de José Arcadio Buendía que se cumple, pero que abrió una puerta a cosas tremendas.
Es una división que se gesta casi desde la escritura. Con Laura hemos trabajado en proyectos anteriores y sabemos hacerlo, por lo que ese aspecto fue muy fácil.
Laura Moreno: Hablábamos mucho, teníamos como unas cuestiones gramaticales, estéticas, narrativas, de lo que se debe respetar, la serie se debe filmar de esta manera, pero luego también la idea de tener varios directores es que cada uno también pueda traer su mirada respetando ese lenguaje que ya se ha construido.
Tuvimos conversaciones todo el tiempo desde la pre, la producción y en la postproducción, siendo siempre muy respetuosos el uno del otro.
-¿Cuáles fueron los aspectos narrativos y visuales más complejos de trasladar de la novela a la serie?
Laura Mora: La primera parte de la novela está más vinculada a un mundo casi utópico, donde se instala con fuerza la idea del realismo mágico, algo que ha romantizado la relación que lectores y espectadores tienen con la novela. Eso implicaba unos retos muy particulares.
La segunda parte, aunque conserva elementos metafóricos, simbólicos y oníricos, está mucho más anclada en el realismo y en un contexto político profundamente apasionante y complejo: la primera mitad del siglo XX, con la llegada del capitalismo y del llamado ‘progreso’ a Macondo. En ese sentido, aunque siguen existiendo retos visuales importantes, estos están claramente determinados por la época que se representa. Es una parte de la historia que se siente más cercana a lo que somos, a nuestra memoria colectiva, y que también va a desempolvar un legado social y político que, como colombianos, tendemos a olvidar.
-¿Cómo ha sido filmar en estas locaciones y construir un universo tan particular como Macondo?
Carlos Moreno: Esta producción ha construido un universo muy específico. Macondo no existe como tal, pero encierra algo que sí existe: el Gran Caribe. Recrear ese mundo ha sido una tarea titánica. Construir un pueblo desde cero me recuerda, de alguna manera, al gesto fundacional de José Arcadio Buendía. Es una empresa enorme.
Llevar la producción a distintos lugares del país y recrear allí ese universo habla del compromiso que implica. Somos un colectivo grande, con personas muy capacitadas que han leído la obra y levantado este mundo con solidez. Yo llegué en esta parte, pero el proyecto ya venía muy bien cimentado. Para mí es motivo de admiración y también de responsabilidad mantener la dignidad del proyecto y honrar el trabajo de todos los que lo han construido.
-En esta segunda parte vemos personajes con un peso simbólico muy fuerte. ¿Cómo abordaron el reto de adaptarlos manteniendo la fidelidad a la obra y, al mismo tiempo, permitiéndoles ser personajes propios?
Laura Mora: Con personajes tan recordados y con rasgos metafísicos tan marcados, como el ascenso de Remedios la bella, su atracción enigmática, o las mariposas de Mauricio Babilonia, existe el riesgo de quedarnos solo con la imagen icónica. Creo que eso a veces nos hace olvidar su dimensión humana. Abrazamos el gesto estético del realismo mágico y perdemos de vista que, al final, son seres humanos con fragilidades y contradicciones. Para mí, era fundamental no quedarnos únicamente en ese gesto simbólico, sino llenar de humanidad a cada uno de estos personajes.
Creo que estamos frente a una galería de personajes profundamente ricos, contradictorios, llenos de vida y de pasión, que muchas veces la gente olvida al leer la novela. Los gemelos Buendía son un gran ejemplo: atraviesan todo este universo, y son ellos quienes llevan el hilo de la narración. Sin embargo, a veces se nos olvida cuán fundamentales fueron para la historia del libro y para la vida misma de Macondo.
En el caso de Fernanda del Carpio, ella trae consigo el centralismo, esa visión que García Márquez asocia con una Bogotá distante, desconectada de los territorios, que ve a las regiones como espacios salvajes que deben ser colonizados y catequizados, incluso en términos religiosos. Ella se convierte en una gran antagonista, no solo dentro de la familia, sino también en la vida misma de Macondo.
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El más doloroso capítulo
-La masacre de las bananeras es uno de los episodios donde la realidad y la ficción se cruzan de forma más evidente. ¿Cuáles fueron los principales retos y responsabilidades al llevar este momento a la pantalla?
Laura Mora: Fue uno de los capítulos más complejos de abordar, porque se trata de un hecho históricamente innegable. Con el paso de los años se ha liberado mucha información que nos permitió construir las imágenes con mayor profundidad. Personalmente, hice una investigación muy profunda sobre los movimientos obreros y las huelgas de la época.
Busqué fotografías, documentos, y también accedimos a material del archivo de Harvard, que contiene una documentación impresionante sobre la presencia y el funcionamiento de la United Fruit Company en Colombia, así como las comunicaciones entre el gobierno, los ejecutivos de la empresa y los militares. Es un material realmente impactante por los niveles de complicidad que revela. Todo eso muestra cómo se instalaron formas de represión destinadas a eliminar cualquier cosa que oliera a comunismo, un legado que todavía pesa en Colombia. Aunque la masacre ha sido negada muchas veces, existe una tradición de satanización de los movimientos obreros y sindicales que también quisimos recuperar.
Al mismo tiempo, nos aferramos mucho a cómo García Márquez traduce ese momento tan trágico desde un lenguaje profundamente poético. Su descripción de la masacre está cargada de gestos estéticos que son tan fascinantes como aterradores. Por ejemplo, cuando habla de ese grupo de personas que comienza a moverse en círculos como si fueran arrastradas por una fuerza centrífuga, o de la multitud que permanece frente al general, como hipnotizada, como si estuvieran dispuestos a morir por la causa que defendían.
Fue un proceso duro, tanto en la investigación como en el rodaje. Nunca había filmado con tanta gente: tuvimos 700 extras que luego se multiplicaron digitalmente para representar a los 3.000 que, según José Arcadio Segundo, estuvieron allí. Esa cifra repetida es, en sí misma, un acto de resistencia contra el olvido.
Rodamos varias escenas en Super 16 para darle una textura de falso archivo, como si se tratara de un documento encontrado, algo perteneciente a la memoria colectiva. Fueron días de rodaje profundamente conmovedores, que ninguno de nosotros va a olvidar.
-¿Cree que la serie motivará a nuevas generaciones a acercarse a la obra de García Márquez?
Carlos Moreno: Preferiría que fuera al revés: que las personas llegaran a la producción a partir de la obra. Eso fue lo que ocurrió en mi generación. Pero hoy todo está mezclado, y está bien que nuevas generaciones se acerquen a la obra a través del audiovisual. Eso no es negativo.
Más que solo acercarse al libro, lo importante es comprender las circunstancias históricas y sociales que la obra contiene. Ahí está lo esencial: entender quiénes somos como país y como sociedad. La obra abre muchos caminos. Antes de recorrerlos, lo importante es reconocer de dónde vienen.
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