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El cucuteño Efrén Martínez quiere conectar a un millón de personas con la vida
El psicólogo nortesantandereano convirtió sus propias luchas con la ansiedad, las adicciones y el vacío existencial en una campaña latinoamericana sobre salud mental.
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Ruby Escamilla
Ruby Escamilla
Miércoles, 27 de Mayo de 2026

El psicólogo e investigador cucuteño Efrén Martínez Ortiz lleva décadas estudiando el sufrimiento humano. Escucha historias de ansiedad, depresión, adicciones, rupturas y desesperanza. Sin embargo, hubo una cifra reciente que incluso a él lo estremeció.

La mitad de los latinoamericanos siente que su vida no tiene sentido.

El dato surgió luego de una investigación aplicada a cerca de 12.000 personas entre los 18 y los 70 años, más de 5.000 de ellas colombianas. Pero detrás de ese porcentaje hay algo más profundo: personas que viven desconectadas de sí mismas, de sus vínculos y de sus motivos para seguir adelante.

“Cuando tú llevas investigando esto mucho tiempo y sabes que la gente que vive sin sentido se infarta más, tiene más accidentes cerebrovasculares, más problemas de adicción, depresión e intento suicida, y ves que la mitad de los latinos considera que su vida no vale nada, dices: ya entiendo por qué estamos en esta epidemia de salud mental tan difícil”, reflexionó Martínez, en entrevista con La Opinión.


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Esa preocupación fue el punto de partida de Conectarse a la vida, una campaña que busca poner el propósito de vida en el centro de la conversación sobre salud mental en Latinoamérica.

Pero esta no es una iniciativa construida únicamente desde la teoría. También nació desde las heridas personales de quien hoy se convirtió en uno de los referentes regionales sobre propósito y bienestar emocional.

El niño que no podía hablar en público

Mucho antes de convertirse en conferencista, escritor y psicólogo reconocido, Efrén era un joven dominado por el miedo.

Sufría fobia social. Hablar con otras personas le producía ansiedad extrema. Sudoración, tensión muscular y pensamientos obsesivos hacían parte de su cotidianidad.

“Yo era un niño que no podía hablarle a la gente. Me escondía porque me asustaban”, contó.

Con el tiempo, encontró en el alcohol y la marihuana un refugio temporal. Por unos momentos, aquellas sustancias parecían silenciar la ansiedad y hacerlo sentir libre de sus inseguridades. Sin embargo, el alivio duraba poco.


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“Muy rápidamente descubrí que al día siguiente todo volvía y entonces necesitaba volver a consumir para quitármelo. Ahí entendí que si quería no sentir eso tendría que vivir drogado todo el tiempo”, recordó.

Lo que comenzó como un experimento adolescente terminó convirtiéndose en una adicción.

“Algo que parecía estar bajo mi control terminó quitándome la libertad”, admitió.

Hoy, al mirar hacia atrás, reconoce que durante años intentó aparentar fortaleza mientras por dentro libraba una batalla silenciosa. Por eso, cuando decidió lanzar Conectarse a la vida, sabía que debía hacerlo desde la honestidad.

Mostrar la vulnerabilidad

La campaña arrancó con un documental de 23 minutos disponible gratuitamente en Conectarse a la vida. Allí, el cucuteño comparte episodios íntimos de su vida, habla sobre sus problemas emocionales y muestra cómo logró transformar su sufrimiento en propósito.


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“Muy difícil realmente”, reconoció al hablar sobre la exposición pública de sus heridas emocionales. Pero había una razón poderosa para hacerlo: los hombres siguen siendo quienes más se suicidan.

“Tres de cada cuatro suicidios son de hombres y creo que tiene que ver con que a nosotros nos cuesta mucho la vulnerabilidad y hablar de nosotros mismos”, aseguró.

Por eso decidió levantar la voz y contar su historia. No desde el dramatismo ni desde el optimismo superficial, sino desde la posibilidad real de reconstruirse.

“Todos pasamos por épocas difíciles. No hay diferencia social, económica o intelectual. Mostrar eso hace que el mensaje sea más contundente”, explicó.

El documental también abrió conversaciones profundas dentro de su propia familia. Una de las más significativas ocurrió con su padre.


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El nortesantandereano relató que antes del estreno tuvo que hablarle sobre algunos episodios familiares dolorosos que aparecerían en pantalla. Contra todo pronóstico, encontró comprensión.

“Él pudo entender cómo le correspondió detener formas de maltrato que vivió en su infancia para no pasármelas a mí, y cómo ahora me corresponde a mí detener otras formas de dolor para no transmitírselas a mis hijos”, contó.

Para el psicólogo, parte de vivir con propósito implica precisamente eso: romper cadenas de sufrimiento que se heredan de generación en generación.

El libro que le cambió la vida

Aunque hoy es uno de los referentes latinoamericanos en psicología del propósito, el también conferencista no siempre imaginó ese camino.

A los 18 años estudiaba ingeniería química en la Universidad Nacional. En medio de una adolescencia marcada por las adicciones y las crisis emocionales, alguien le regaló un libro que terminaría cambiándole la vida: El hombre en busca de sentido, del psiquiatra austriaco Viktor Frankl.


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“Cuando leí ese libro dije: esto es lo que quiero hacer con mi vida”, recordó.

Poco después abandonó la ingeniería química para estudiar psicología. “Quería ayudarle a las personas a conectarse con su propósito y que no tuvieran que resolver sus problemas de salud mental de formas tan complejas como me pasó a mí”, afirmó.

Desde entonces han pasado tres décadas dedicadas a investigar, escribir y hablar sobre el sentido de la vida.

Ahora, con Conectarse a la vida, siente que enfrenta uno de los desafíos más importantes de su carrera.

La epidemia silenciosa

Para Martínez, la salud mental dejó de ser un tema secundario. Las cifras que hoy observa son alarmantes.

Según explicó, cerca del 44 % de los universitarios presenta síntomas depresivos y muchas personas viven atrapadas en lo que denomina “renuncia silenciosa”: cumplen con sus responsabilidades, van a trabajar y aparentan normalidad, pero emocionalmente están desconectadas de lo que hacen.


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“Van a trabajar de mentiritas, solo están sacando el día”, dijo.

A esto se suma el impacto de las redes sociales, el insomnio, la comparación constante y la presión por aparentar felicidad.

Aunque considera que el estigma frente a la salud mental ha disminuido en los últimos años, cree que todavía falta mucho camino por recorrer.

“Todavía la gente piensa que estos temas implican debilidad o que la vida les quedó grande. Y eso hace que muchísimas personas no pidan ayuda”, advirtió.

El panorama es especialmente complejo para los hombres.

El cucuteño sostiene que culturalmente todavía existe una contradicción: se les pide expresar emociones, pero al mismo tiempo se les castiga cuando lo hacen.

“Vamos avanzando, pero todavía estamos lejos”, aseguró.

Reconectarse desde lo simple


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Frente a este panorama, la propuesta del nortesantandereano no gira alrededor de fórmulas mágicas ni discursos motivacionales.

Para él, el propósito no aparece como “un rayo dorado que cae del cielo”, sino que se construye en lo cotidiano.

Las investigaciones que lideró revelan que las personas que sienten más conexión con su vida tienen características similares: cultivan vínculos significativos, realizan acciones coherentes con sus valores, practican la gratitud y disfrutan conscientemente las pequeñas experiencias diarias.

“La gente con más amigos y vínculos significativos vive con más propósito. La gente agradecida vive con más propósito. Y para eso no necesitas dinero, solamente la intención de hacerlo”, explicó.

Por eso insiste en que cualquier persona puede comenzar a reconectarse consigo misma desde pequeños actos cotidianos.

La meta de la campaña es ambiciosa: alcanzar un millón de voces que multipliquen el mensaje. Hasta ahora, cerca de 50.000 personas ya se han sumado.


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“No se queden solos”

Después de años estudiando el sufrimiento humano, Efrén tiene claro que perder temporalmente el sentido de la vida no necesariamente es una enfermedad. El verdadero peligro aparece cuando alguien se queda atrapado allí.

“Quedarse en ese vacío sí vuelve a las personas muy vulnerables a problemas físicos y de salud mental”, advirtió.

Por eso, el mensaje final que quiere dejarles a quienes hoy atraviesan momentos difíciles es sencillo, pero urgente: pedir ayuda.

“Que levanten la mano cuanto antes, porque a veces el sinsentido nubla la razón y hace que uno no vea los tesoros que tiene alrededor”, concluyó.

Desde Cúcuta, la ciudad donde comenzó su historia, Efrén Martínez hoy intenta hacer algo más grande que una campaña.

Quiere recordarle a Latinoamérica que incluso en medio del miedo, el dolor o el vacío, todavía es posible volver a conectarse con la vida.


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