La carranga no tiene edad y, para Evolución Carranguera, tampoco fronteras. Desde Chinácota, Norte de Santander, esta agrupación se propuso demostrar que uno de los géneros más representativos de la música campesina colombiana puede renovarse sin perder la esencia de sus raíces.
Con más de cinco años de trayectoria, el grupo reúne a ocho músicos y un equipo de 16 personas provenientes principalmente de la provincia de Ricaurte, entre Chinácota, Toledo y San Bernardo de Bata. Juntos construyeron una propuesta que toma los sonidos tradicionales de la carranga y los lleva hacia terrenos más contemporáneos, con instrumentos como batería y guitarra eléctrica, además de influencias de la ranchera y la música norteña.
El resultado es una mezcla pensada para bailar, cantar y, sobre todo, acercar el género a públicos que quizás no crecieron escuchándolo.
“Buscamos llevar la carranga a una nueva era o nueva ola”, explicó Sebastián Ortega, vocalista principal, oriundo de Chinácota. Para el músico, uno de los principales retos es romper con la idea de que este género pertenece exclusivamente a los adultos mayores o al campo.
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La apuesta de Evolución Carranguera parte precisamente de esa percepción. Su intención es demostrar que la carranga puede sonar en una fiesta juvenil, en una celebración familiar o incluso en una fiesta de quince años, y que sus letras también pueden hablar de amor, alegría y diversión.
“Queremos que los jóvenes también la disfruten, la bailen y entiendan que es un género con el que también se puede enamorar”, agregó Ortega.
La agrupación conoce bien el valor de conservar la tradición. Su repertorio incluye composiciones y clásicos asociados a grandes referentes del género, entre ellos el maestro Jorge Velosa, uno de los principales impulsores de la carranga desde sus orígenes en el altiplano cundiboyacense durante la década de 1970.
Sin embargo, los músicos consideran que evolucionar no significa abandonar ese legado. Por el contrario, su propuesta busca tomar los elementos esenciales de la carranga y combinarlos con sonidos que permitan ampliar su alcance.
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Oliver Villamizar, tiplista y segunda voz de la agrupación, explicó que la formación tradicional se caracteriza por instrumentos como guitarra, requinto, guacharaca y tiple. Evolución Carranguera incorpora a esa base instrumentos de corte más urbano, especialmente batería y guitarra eléctrica, para conseguir una sonoridad con mayor fuerza durante sus presentaciones.
Esa transformación también refleja la manera en que el género echa raíces en Norte de Santander. Aunque la carranga nació en otra región del país, en este territorio encontró nuevas formas de expresión al encontrarse con las tonadas andinas locales, el torbellino y las historias propias de la ruralidad nortesantandereana.
Para sus integrantes, esa identidad es uno de los principales motivos de orgullo. Bajo el lema “De Chinácota para el mundo”, llevan su música a diferentes municipios del departamento, además de escenarios en Bogotá y otras regiones del país.
Entre sus presentaciones se cuentan festividades como la Feria Internacional San Nicolás de Chinácota y actividades culturales en municipios nortesantandereanos.
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Ahora, esa experiencia se concentra en su más reciente producción discográfica, un álbum que reúne canciones individuales y diferentes mezclas en las que la carranga se encuentra con otros géneros.
Uno de los temas destacados es El jardinero, una canción de amor presentada desde una perspectiva juvenil y jocosa. A esta se suman un mix dedicado a Antonio Aguilar y una mezcla de música norteña y mexicana que incluye versiones de canciones conocidas como Billete verde, La chona y Por esa calle vive.
El repertorio también recoge algunos de sus lanzamientos anteriores, entre ellos Me gusta ella, Que tú me besas y un mix de canciones clásicas de Jorge Velosa.
La agrupación no señala una canción específica como su favorita. Para sus integrantes, cada producción representa una parte de la identidad colectiva y el trabajo de quienes hacen posible el proyecto.
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“Nos identificamos con todas, ya que cada una plasma el estilo, el trabajo y el aporte musical de cada miembro del grupo”, sostuvo Roberto Santafé, requintista titular.
Esa visión colectiva también explica por qué decidieron hacer de la carranga el centro de su propuesta, después de explorar géneros como la ranchera y la música norteña. La conexión con el público y el orgullo por sus raíces chitareras terminaron inclinando la balanza.
Más que hacer nuevas versiones, Evolución Carranguera busca darle un nuevo lugar al género. Su propósito es dignificarlo mediante una propuesta profesional, una producción de mayor nivel y un sonido capaz de dialogar con las nuevas generaciones.
Así, desde las montañas de Chinácota, estos músicos defienden una idea sencilla: la tradición no está condenada a quedarse en el pasado. También puede evolucionar, ponerse botas nuevas y seguir haciendo bailar a Colombia.
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