“Es doloroso que un lugar dedicado a la fe, la oración y la esperanza termine siendo escenario de la intolerancia y la violencia por disputas comerciales”, lamentó un habitante de Ocaña, en referencia al santuario Agua de la Virgen, donde uno de los comerciantes que allí trabajaba fue asesinado.
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Se trata de Samuel Robles, quien durante años encontró el sustento para su familia en este sector, que desde hace aproximadamente un año se ha visto rodeado de conflictos, precisamente entre los mismos comerciantes.
Su nombre ya había figurado en reportajes de La Opinión, publicados el año pasado, cuando él y su familia participaron en una trifulca con dos colegas, con quienes mantenían una confrontación desde hacía tiempo.
Por eso, las autoridades investigan si su violenta muerte estaría relacionada con esos enfrentamientos o si el crimen obedecería a otros móviles.
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En la entrada al santuario
Fue en la mañana de ayer, 24 de julio, cuando la comunidad se encontró con una escena aterradora. El cuerpo de Samuel Robles fue hallado en el baño de su local, ubicado en la entrada al santuario. Vestía únicamente ropa interior y estaba cubierto con una toalla.
El comerciante yacía boca arriba sobre un charco de sangre, con varias heridas en diferentes partes del cuerpo. Algunas serían causadas por impactos de bala y otras, al parecer, por arma blanca.
Cuando fue encontrado ya no tenía signos vitales y no había rastro de los responsables. El caso fue reportado a las autoridades, que coordinaron con una funeraria el traslado del cuerpo a las instalaciones de Medicina Legal.
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Una década en el sector
Samuel llegó a la entrada del santuario hace más de diez años. Inicialmente instaló un negocio de venta de comidas; sin embargo, con el tiempo vio una mejor oportunidad comercial en la venta de artículos y reliquias religiosas.
Debido a la fuerte competencia y a los constantes conflictos entre comerciantes, los numerosos locales ubicados en ese punto comenzaron una disputa que derivó en varias confrontaciones.
Aunque el momento más crítico se vivió el año pasado, en las últimas semanas las autoridades habían vuelto a intervenir, incluso imponiendo cierres temporales a algunos establecimientos.
“Nosotros habíamos advertido. Con el señor obispo se había adelantado una labor para hacer un llamado a la sensatez. Imagínese usted: esto ocurre en el ingreso al santuario del Agua de la Virgen, como antesala a la celebración de los 315 años de la Virgen”, manifestó el alcalde de Ocaña, Emiro Cañizares Plata.
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