La muerte de Francy Tatiana Ferrer Sandoval dejó de ser una tragedia familiar para convertirse en una historia que conmocionó a toda la ciudad. Su nombre comenzó a escucharse en esquinas, tiendas y conversaciones cotidianas, incluso entre personas que nunca la conocieron, pero que quedaron impactadas por la forma injusta en que perdió la vida.
¿Cómo vio lo de Villa del Rosario?, preguntó un taxista en Cúcuta, sin saber que la respuesta de su pasajero le pondría los pelos de punta.
“La muchacha era mi hija” le respondió Jaime Ferrer, quien en ese momento adelantaba los trámites judiciales relacionados con el fallecimiento.
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Y es que este asesinato, tan injusto como doloroso, se ha convertido en uno de los principales temas de conversación en el área metropolitana de Cúcuta. La razón es sencilla: se trataba de una mujer inocente, madre de familia, trabajadora, excelente hija, amiga y vecina, cuyos planes fueron truncados de manera abrupta.
“Ella trabajaba por sus hijas”, dijo entre lágrimas Marisol Sandoval, su madre, en conversación con este medio. Las niñas eran su mayor motivación para salir adelante y alcanzar el llamado “sueño europeo”, que ahora jamás podrá cumplir.
Tatiana ya tenía listos los documentos para reunirse finalmente con su pareja sentimental, de quien llevaba varios años separada por la distancia. Él, padre de sus hijas, vive en España, país al que esperaban viajar en agosto de este año.
“Yo le ayudaba con rifas y apoyándola con las niñas mientras ella trabajaba para completar lo de los pasaportes de las tres. Ya los tenía listos y estaban a punto de irse”, comentó Marisol.
Viajar a España y reencontrarse con su familia era uno de sus grandes anhelos.
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“Ella me decía: ‘Papi, yo me voy, me acomodo allá y luego los empiezo a ayudar’. Pero yo le respondía que no se preocupara, que primero pensara en sus hijas. Y mire lo que pasó”, contó su padre.
Nada parecía anticipar lo que estaba por ocurrirle a la joven de apenas 27 años. Hace apenas un mes, toda la familia celebraba su cumpleaños más reciente, una fecha que ahora quedará grabada como la última que compartieron junto a ella.
Quienes la conocieron aseguran que era una mujer trabajadora. Desde niña vio a su madre laborar en una fábrica de calzado y, por iniciativa propia, comenzó a ayudarla mientras aprendía el oficio.
Desde entonces nunca dejó de trabajar para apoyar a su familia, darse algunos gustos, mantener a sus hijas y, muchas veces, para colaborar con otros, incluso cuando no recibía remuneración.
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“Así no me den plata, yo voy y les trabajo”, recuerdan que repetía con frecuencia cuando alguna amiga le pedía cubrir un turno o ayudar en algún negocio.
Su carácter noble y bondadoso la convirtió en una persona muy querida en todos los ámbitos de su vida, en el trabajo, entre sus amigos, familiares y vecinos. Prueba de ello fue la multitudinaria caravana fúnebre que acompañó la llegada de su cuerpo a su natal Villa del Rosario.
A las 7:00 de la noche del pasado miércoles, una pequeña camioneta blanca llegó a La Curva, como se conoce al principal acceso al Municipio Histórico desde la Autopista Internacional. Desde antes varias motocicletas la escoltaban, pero con el paso de los minutos se sumaron muchas más.
Durante el recorrido hacia la calle 18, entre carreras 10 y 11 del barrio San Judas Tadeo, decenas de motociclistas se unieron a la caravana rumbo a la vivienda de la suegra de Tatiana, donde fue velada hasta la tarde de ayer, 4 de junio, antes de ser sepultada en el cementerio municipal. Allí ya aguardaban numerosos allegados para recibirla.
Entre música, juegos pirotécnicos y arreglos florales, las lágrimas se mezclaron con la incredulidad. Apenas una noche antes, frente a esa misma vivienda, su vida había sido arrebatada.
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Ese último día
Como si el destino hubiera querido dejar un último recuerdo, ese martes, 2 de junio, Tatiana pasó gran parte del día junto a su madre.
Marisol recuerda que le arregló las uñas, compartieron un café y la ayudó a cuidar a las niñas antes de que ella se fuera a trabajar.
Ya entrada la noche, Marisol permanecía sentada en una esquina de la misma calle mientras Tatiana atendía sus labores en la cevichería. Poco después recibió una llamada y decidió regresar a su vivienda, ubicada en el barrio Gran Colombia.
Apenas llegó, recibió la noticia que cambiaría su vida para siempre.
“¡Mataron a Tati!”, le dijeron.
Le parecía imposible creerlo, pero era cierto.
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Mientras ella regresaba a casa, un hombre armado apareció en la calle con el objetivo de atacar a Deivi Alexander Serna, quien transitaba por el lugar junto a su pareja sentimental.
Al identificarlo, el sicario abrió fuego. Serna intentó refugiarse dentro de la cevichería, que en ese momento se encontraba vacía, salvo por Tatiana.
Al escuchar los disparos y ver a ambos hombres ingresar corriendo al establecimiento, la joven intentó ponerse a salvo. Sin embargo, quedó en la trayectoria de uno de los proyectiles dirigidos contra Serna.
La bala la impactó en la parte posterior de la cabeza, dejándola gravemente herida. Mientras tanto, el hombre fue alcanzado nuevamente por el atacante en la parte trasera del local.
Ambos fueron trasladados de urgencia al hospital local, pero murieron durante el trayecto.
Ahora, las autoridades trabajan para ubicar al responsable del atentado, quien quedó plenamente registrado en varias cámaras de seguridad.
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