Cuando los colombianos piensan en villanos de series y telenovelas, a muchos les pasa el nombre de Carlos Serrato por la mente. Incluso, si lo ven por la calle algunos le gritan: “Allá va el malo de la televisión”.
A él no le pesa. Al contrario, le parece el gesto de cariño más genuino que puede recibir de sus compatriotas, sobre todo porque para Carlos la actuación ha sido un privilegio. Confiesa que cuando va a grabar, “pienso que voy a unos estudios de cine en Hollywood y me la paso bomba”.
Por RCN participa en dos producciones: ‘Anónima’ y ‘Contra el Tiempo’, con dos personajes disímiles: por un lado, Orlando, un sanguinario sicario y por el otro, un coronel llamado Humberto.
Regresó con otro personaje oscuro, esta vez en ‘Anónima’...
Sí, es cierto. Orlando es muy malo, es de esos seres que me producen asco y repulsión. Es el hombre más maléfico que he interpretado, porque a nadie le cabe en la cabeza que un hombre esté detrás de un niño para hacerle daño.
¿Y de su papel en ‘Contra el Tiempo’?
Le doy vida a Humberto Mendieta, un coronel de la policía de Colombia, que se dedica a investigar el tráfico de órganos. Fue un reto muy exigente porque no es un personaje tan negro. Me sentía un poco perdido pero gracias a los directores quedé bien ubicado.
¿Se siente encasillado en los papeles de malo? ¿No le afectan?
Yo no tengo problema de hacer siempre de malo. Yo no escojo los papeles que hago, ellos me escogen a mí. Con Orlando, luego de ver el primer capítulo me me afectó hasta que llegué a la casa y me di unas cachetadas frente al espejo, de resto no. Los papeles y la fama se quedan en el set, porque sino te enloqueces.
¿Es agotador grabar entre carreras y balas de salva?
No, porque yo me formé en una escuela de mimos, donde hacíamos muchas acrobacias, además presté servicio militar, aprendí a manejar armas, no soy un duro, pero lo domino, así que tengo experiencia en esas jornadas fuertes.
¿Ha tenido momentos difíciles en su carrera?
Los momentos difíciles son las pausas. Antes las novelas se hacían en 15 meses, después en doce y ahora se hacen en cinco y puedes tener una pausa de un año, eso es complicado, pero crecer te lleva a hacer otras cosas, a probar en otros terrenos.
¿Cuáles terrenos?
Yo tengo mis negocios y soy maestro de esgrima teatral para niños. Ellos asimilan lo que les enseñen y creo que la única forma de que los niños dejen la computadora y la tableta a un lado es jugando con las espadas del arte.
¿Hay talento en esa nueva generación?
Mucho. Es tremendo, vienen actores y actrices jóvenes talentosos, pero la invitación es a que estudien y se preparen.
Usted tiene un hijo de 17 años ¿A él también le interesa la actuación?
Es todo un aprendizaje para uno tener un hijo adolescente. Todo el mundo le dice: usted va a ser actor y él responde que no, porque sabe cómo es de sufrido esto de la actuación, aunque para mí ha sido un privilegio dedicarme a lo que me gusta.
Además de su rol en las artes ¿qué más hace?
Me gusta escribir, toco el saxofón, me gusta mucho viajar, así sea Pensilvania, Las Vegas o Estambul. Soy muy espiritual, me gusta el yoga, disfruto del silencio.
¿Cómo se disfruta del silencio?
Cuando cumplí el servicio militar en Leticia encontré el silencio en el ejército, en esas horas largas que pasaba en las garitas a oscuras, de 1:00 a 4:00 de la mañana, sin luz. Allí, inevitablemente te encuentras contigo mismo, porque el que aprende a estar en silencio consigo mismo y respirar, descubre otra dimensión hermosa para ser feliz.
¿Conoce Cúcuta?
No conozco a Cúcuta, pero trabajé con (el actor) Lincoln Palomeque y pienso mucho en el drama que se vive allí con la frontera cerrada, espero ir algún día ir por allá.
*Alicia Pepe Vides | alicia.pepe@laopinion.com.co
