El título de este escrito, que parece contener un error, obedece a la realidad de una sociedad que está dominada por minorías. Veamos ejemplos protuberantes:
La mayoría de colombianos tenemos unas creencias religiosas - especialmente la católica - pero el presidente De la Espriella es rudamente criticado y demandado ante los jueces por los que afirman que se les está violando su libertad al expresar él su religiosidad públicamente.
La mayoría de estudiantes universitarios quiere culminar sus estudios con normalidad, pero unos cuantos extremistas se toman los institutos, bloquean las vías y atacan a la fuerza pública e imposibilitan el desarrollo de las actividades académicas.
Los promotores de los fallidos acuerdos de paz son una minoría, pero acusan a los demás ciudadanos de ser antipatriotas.
Los grupos delincuenciales violentos son una ínfima minoría frente a los millones de habitantes del país, pero tienen tomados vastos territorios, atemorizan a sus pobladores y enfrentan a la fuerza pública con todo tipo de acciones terroristas.
Las feministas extremas son un grupo de mujeres que se sienten con el derecho de representar a todas sus congéneres que se silencian asustadas.
Algunos dirigentes indígenas se arrogan la representación de todas sus comunidades en contra de muchos aborígenes subyugados por ellos, y se apropian de los cuantiosos auxilios gubernamentales destinados a toda la población.
Los individuos que protestan diariamente a lo largo y ancho del país se creen con el derecho de bloquear vías, destruir establecimientos comerciales e instalaciones oficiales y atacar a la policía, mientras las mayorías nos vemos impotentes ante los desmanes que perjudican las actividades cotidianas.
Unos pocos criminales, literalmente incendiarios, han esparcido el fuego en bosques, pasturas y páramos dejando a miles de productores agropecuarios y al medio ambiente con daños irreparables en muchos casos.
El presidente Abelardo de la Espriella tomó la vocería de las mayorías nacionales que lo respaldaron en las pasadas elecciones para abrirles el espacio a que tienen derecho. Supongo que su campaña analizó que los partidos políticos hoy en día recogen una minoría ciudadana, y era necesario llamar a votar a los colombianos sin la intermediación de las esas colectividades desprestigiadas.
Numerosos comentaristas anunciaban que esa estrategia era un error político porque no se tendría “gobernabilidad”, dado que los congresistas serían elegidos por partidos políticos, y el gobierno no tendría mayorías parlamentarias. Pues, la propuesta de De La Espriella se complementa con la tesis de respetar la independencia de la Ramas del Poder Público y, en consecuencia, las relaciones con el Congreso no conllevaban la obligación de repartir cargos, contratos y prebendas a sus miembros.
La tan cacareada “gobernabilidad” está más bien en la independencia del Presidente para nombrar a sus colaboradores, tomar las medidas gubernamentales necesarias y dictar las normas que se requieran para ejecutarlas. El trámite de las leyes en las cámaras legislativas será singular en el estudio de cada proyecto, y los ministros tendrán que defenderlos con argumentaciones sólidas.
Esto es lo que le ha permitido al Presidente actuar con gran prontitud frente a las calamidades que afronta desde los primeros días de su mandato, y empezar a recomponer el país. ¡Qué diferencia con el gobierno corrompido que dejó a Colombia en la ruina!
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