La decisión del presidente Abelardo De la Espriella de levantar la suspensión general del porte de armas de fuego reabrió en Cúcuta y Norte de Santander una discusión que trasciende el derecho individual a la defensa: ¿qué efectos puede tener una mayor circulación de armas en un territorio donde convergen delincuencia organizada, economías ilegales, estructuras armadas y una violencia que se proyecta desde el Catatumbo y la frontera?
El Decreto 1368 de 2026 no establece un porte libre ni elimina los controles para adquirir o portar armas. Se mantienen las autorizaciones estatales, los requisitos legales y las restricciones para quienes no tengan un permiso vigente. La modificación permite, en términos generales, que vuelvan a operar los permisos de porte bajo el control de las autoridades.
Pero en Cúcuta la discusión adquiere una dimensión distinta. La ciudad y su área metropolitana están insertadas en una dinámica de violencia que no se limita a los delitos urbanos. Las autoridades y organismos de seguridad enfrentan estructuras de delincuencia organizada con conexiones hacia las economías ilegales, la frontera y los grupos armados que operan en el Catatumbo.
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El defensor de derechos humanos Enrique Pertuz considera que la medida no resulta conveniente para Norte de Santander por las condiciones particulares del departamento, donde, según señala, tienen presencia más de 35 estructuras criminales, además de organizaciones insurgentes, grupos paramilitares y redes mafiosas.
Un territorio donde las armas ya son protagonistas
Los datos aportados por Pertuz muestran la dimensión del problema. En 2024, de los 566 homicidios registrados en Norte de Santander, 488 fueron cometidos con proyectil de arma de fuego, equivalente al 86,2 %. En 2025, de 845 homicidios, 742 tuvieron esa misma característica, es decir, el 87,8 %.
Para quienes cuestionan el levantamiento de la restricción, estas cifras constituyen una señal de alerta: en un territorio donde las armas de fuego ya tienen una participación tan alta en los homicidios, aumentar su presencia entre particulares no necesariamente se traduce en mayor seguridad.
El investigador y catedrático de la Universidad Libre de Cúcuta, Mario Zambrano, plantea precisamente esa reserva. A su juicio, las condiciones de la ciudad obligan a evaluar la decisión nacional desde la realidad territorial.
“Más armas circulando legalmente ¿producen necesariamente más seguridad? No estoy convencido de que esa relación sea automática”, sostiene Zambrano. Su propuesta es que la seguridad repose en instituciones con mayor capacidad de inteligencia, investigación criminal, control territorial y desarticulación de las organizaciones delincuenciales, antes que en una carrera armamentista entre ciudadanos y criminales.