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Baches de intrascendencia
El problema de la segmentación radica en la pérdida de ritmo, pues es altamente probable que entre el primer y el último tomo existan baches de intranscendencia.
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Miércoles, 12 de Agosto de 2026

Tenemos que ser francos, los prólogos no le importan a nadie. En mi caso personal pierdo muchísimo el interés cuando se nota que están cumpliendo meras funciones de relleno con la intención de hacer más volumétrico el ejemplar (sí, las estoy mirando a ustedes, Ediciones Conmemorativas de la Real Academia Española).

Bien pueden tratar sobre disertaciones interesantísimas relacionadas con la novela o la vida del escritor en cuestión, algunos son prácticamente tesis filológicas complejas que por sí mismas podrían ser ensayos con singularidad, pero como en la mayoría de los conciertos, nadie va para ver al telonero por muy bien que toque (con todo respeto al gremio de teloneros, claro). Todos pagamos la entrada para ver al artista principal y lo demás son puras fruslerías.

Ah, pero cuando el prólogo lo escribe el propio autor, ahí estamos hablando de otra cosa. Entonces ya no estamos ante un injerto extraño que resulta ajeno al cuerpo narrativo, sino que tenemos un apéndice canónico de la obra que resulta absolutamente relevante y debe ser leído.

El más reciente al que le dediqué tiempo fue al de Brandon Sanderson en la versión para audiolibro de su famoso “El Imperio Final”, primera entrega de la saga Nacidos de la Bruma, y puedo dar fe de que ha valido por completo la pena, particularmente por la defensa que hace de su trilogía como libros independientes que pueden leerse a manera de aventuras autónomas dentro de un flujo narrativo superior. Una premisa que en nuestra industria con esteroides cada vez se ve menos.

Por supuesto, la fragmentación de una historia en ejemplares sueltos a lo largo del tiempo es un reclamo netamente comercial, ya que nada impediría al autor esperar a terminar su trabajo, tras pulirlo durante varios años, para lanzar finalmente una pieza única, así esta constara de múltiples volúmenes.

El problema de la segmentación radica en la pérdida de ritmo, pues es altamente probable que entre el primer y el último tomo existan baches de intranscendencia que no justifiquen su existencia como capítulo aparte. Pocos universos han conseguido darle personalidad auténtica a cada una de sus entregas, al punto que las primeras que se me vienen a la mente sean “En Busca del Tiempo Perdido”, “El Señor de los Anillos” y “Harry Potter”.

La compilación definitiva por parte de De Conatus de la “Septología” de Jon Fosse (Nobel 2023) parece ir en esta dirección, pues la edición anterior de cuatro libros breves carecía de sentido económico para el consumidor. Misma lógica que, a mi juicio, revalorizará a “El Volumen del Tiempo” de Solvej Balle cuando su séptima entrega finalmente se publique en danés y pueda traducirse al castellano en un compendio definitivo (de momento, apenas llevamos tres). Mientras tanto, la obra padecerá el desgaste de la compra repetitiva de textos cortos que podría llegar a fatigar a sus lectores.

Lo que directamente perjudicará al número de personas interesadas en conocer su desenlace cuando el tiquete de entrada a su mundo (cual prólogo aburrido que te quita las ganas de leer) es tan absurdamente alto.


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