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El Arca de Roer
Este domingo 31 de mayo, Colombia no va simplemente a las urnas; va a decidir qué tripulación se sube al Arca de Nariño para capear el aguacero que se nos viene encima.
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Sábado, 30 de Mayo de 2026

 

Este domingo 31 de mayo, Colombia no va simplemente a las urnas; va a decidir qué tripulación se sube al Arca de Nariño para capear el aguacero que se nos viene encima. En este reino del sagrado corazón, la política no es de ideas, sino de fauna. Mientras el "Gran Arquitecto" de Twitter nos vigila desde el Palacio, asegurando en sus discursos de tres horas que el cambio es un hecho mítico y ancestral, la realidad nos demuestra que, en esta barca, "el que tiene rabo de paja, no se arrima a la candela".

La historia reciente de América Latina nos ha dejado lecciones escritas con dolor. El espejo de Venezuela es, quizás, el reflejo más crudo y cercano de lo que ocurre cuando una sociedad decide "jugar con candela" y entrega las llaves del Estado a mesías populistas que prometían el cielo y terminaron destruyendo el aparato productivo, las libertades individuales y el futuro de millones de ciudadanos. En su momento, muchos votaron de manera folclórica, convencidos de que "peor no podemos estar", y terminaron abriéndole la puerta a regímenes autoritarios que desmantelaron la democracia desde adentro. Hoy, la diáspora que cruza nuestras fronteras es el testimonio vivo de que la riqueza y la estabilidad de una nación no están garantizadas si se eligen malas alternativas de forma irresponsable.

La democracia no es un cheque en blanco para regalar a los encantadores de serpientes; es un patrimonio colectivo que requiere madurez y sensatez en las urnas.

Ir a votar este domingo con plena conciencia es el único blindaje real contra la decadencia. No se puede delegar una decisión tan trascendental a la apatía o al abstencionismo, dejando que otros elijan por nosotros. En la política, como dice el saber popular, "el que se duerme se lo lleva la corriente", y en el contexto actual, esa corriente puede arrastrarnos hacia la inestabilidad económica, la pérdida de libertades y el caos institucional. Un voto responsable implica evaluar propuestas reales, mirar trayectorias con lupa y no dejarse deslumbrar por discursos incendiarios que dividen en lugar de construir.

Nuestros tripulantes ya no son animales indefensos que buscan salvarse del diluvio, sino una plaga de roedores (políticos, contratistas y burócratas) que se suben al barco con el único objetivo de "roer" el presupuesto nacional y acabarse el queso del Estado.

El futuro de Colombia, la seguridad de sus regiones y la solidez de sus relaciones con el mundo dependen de la madurez que demostremos frente al cubículo. Este domingo, la cita con la historia nos exige dejar de lado el folclorismo político para votar con la cabeza fría y el corazón puesto en la patria. Que la lección de los vecinos nos sirva para entender, de una vez por todas, que la libertad que se entrega alegremente a los bandidos toma décadas de miseria recuperar.

 


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