Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Columnistas
El Catatumbo también necesita futuro
El Catatumbo no necesita que lo sigamos mirando solo desde sus tragedias; necesita que Colombia lo observe también desde sus posibilidades.
Authored by
Viernes, 11 de Septiembre de 2026

Hablar del Catatumbo suele llevarnos, casi inevitablemente, a mencionar violencia, cultivos ilícitos, desplazamiento, pobreza, aislamiento y presencia de grupos armados. Sería irresponsable desconocer esa realidad: durante décadas, sus habitantes han soportado dificultades que ningún territorio debería considerar normales.

Los hechos recientes vuelven a recordarnos esa fragilidad. En junio de 2026, la Defensoría del Pueblo reportó nuevos desplazamientos masivos en El Tarra y señaló que, en el primer semestre del año, 2.447 personas fueron desplazadas en 13 eventos en la región. La violencia no solo amenaza la seguridad: también interrumpe la educación, limita las oportunidades económicas, deteriora la confianza y profundiza el aislamiento.

Pero el Catatumbo no puede definirse únicamente por aquello que le ha ocurrido. ¡Hay otro Catatumbo! El de sus campesinos, familias, jóvenes y comunidades; el de quienes, a pesar de las dificultades, permanecen, trabajan, producen y construyen territorio. El Centro Nacional de Memoria Histórica ha documentado precisamente ese carácter campesino y las formas de organización comunitaria que han permitido a sus habitantes resistir y permanecer en su tierra.

Existe también un Catatumbo de enorme riqueza natural: El Parque Nacional Natural Catatumbo Barí protege uno de los territorios de mayor diversidad biológica y cultural de la región; sus selvas, ríos y montañas forman parte de un patrimonio que no solo debe conservarse, sino que representa una oportunidad para desarrollar turismo de naturaleza, investigación, educación ambiental y economías sostenibles.

Y está su riqueza humana; quienes han tenido la oportunidad de conocer a su gente saben que detrás de las estadísticas hay personas amables, trabajadoras, solidarias y profundamente arraigadas a su territorio; jóvenes con talento que quieren estudiar, campesinos que desean producir, emprendedores que buscan crecer, comunidades que no piden lástima, sino oportunidades.

Por eso, hablar del futuro de esta zona de nuestro departamento exige cambiar nuestra mirada. La región necesita seguridad, sí, pero también mucho más: vías y conectividad, educación pertinente, acceso a educación superior, servicios públicos, salud, apoyo al campo, empleo formal, emprendimiento, tecnología y mercados para sus productos. Además, requiere una conexión más efectiva con las oportunidades que ofrecen los centros urbanos y los mercados regionales.

La discusión sobre la educación superior en El Tarra es apenas un reflejo de una necesidad mucho más amplia: que la formación llegue de manera real y pertinente a una población que históricamente ha enfrentado enormes barreras para acceder a ella. No se trata únicamente de levantar una universidad, sino de impulsar un proyecto educativo integral que abarque desde la primera infancia hasta la educación técnica, tecnológica y profesional; que garantice calidad, pertinencia y continuidad; y que, al mismo tiempo, cree las condiciones para que un joven del Catatumbo pueda imaginar su futuro sin tener que abandonar necesariamente su tierra.

Ese es también el reto para todo Norte de Santander: comprender que el desarrollo no puede construirse de espaldas a sus territorios rurales, ni que las dificultades de una región pueden asumirse como un problema ajeno; lo que allí ocurre impacta la economía, la seguridad, las oportunidades y el futuro de todos.

El Catatumbo no necesita que lo sigamos mirando solo desde sus tragedias; necesita que Colombia lo observe también desde sus posibilidades. Porque allí donde durante años vimos aislamiento, hay territorio por conectar; donde vimos pobreza, hay talento por desarrollar; donde vimos conflicto, hay comunidades que quieren vivir en paz; y donde vimos una región golpeada, existe una extraordinaria riqueza natural, cultural y humana.

El Catatumbo no requiere promesas de un futuro perfecto; necesita que construyamos, entre todos, un futuro posible. Porque no debe ser recordado únicamente por los problemas que ha sufrido, sino también por las oportunidades que Colombia fue capaz de construir junto a su gente.


Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion . 

Temas del Día