Ahora que el reciente terremoto ha puesto nuevamente en el radar de la opinión pública la delicada situación que presenta el departamento del Chocó, no solo como producto del desastre, sino como ejemplo de desatención a través de la historia, hasta colocarlo como un territorio de quinta categoría dentro de los niveles del desarrollo, bueno resulta hacer un balance de este crónico flagelo.
Sin duda una enorme injusticia con esos habitantes, que son tan colombianos como los del resto del territorio, pero a los que se les han negado derechos elementales y fundamentales, condenándolos, como diría García Márquez, a cien años de soledad, y tal vez a más.
En medio del desastre, vemos con buenos ojos la atención prioritaria que ha desplegado el presidente Abelardo de la Espriella, al colocarlo en la agenda del día con atención prioritaria, al convocar a los principales empresarios para ir hasta la región y examinar la problemática con la intención de aportar recursos para su atención.
Pero además ha sorprendido con revivir el proyecto de la conexión interoceánica, del cual se ha hablado en muchas oportunidades sin que se haya materializado nada. Ahora que el gobierno se inicia, habrá tiempo para diseñar una ruta cierta y desplegar las primeras acciones, que tienen que ver con la financiación del diseño y con la convocatoria a la inversión internacional para poder sacar adelante un proyecto de inversión enorme, para lo cual resulta indispensable el concurso de capitales foráneos.
Y habrá que retomar también otros dos proyectos fundamentales para la región: la comunicación vial con Medellín y con el viejo Caldas, y el proyecto de un puerto de aguas profundas naturales en el Pacífico, para lo cual se ha señalado el sector de Tribugá como el más aconsejable.
Si eso fuera posible, y el gobierno, junto con los empresarios se concentran en la recuperación de la región, atacando todas las necesidades básicas, mientras se diseñan los proyectos anotados para garantizar su ejecución, y permitir la transformación, el Chocó del siglo XXI sería una realidad en un termino aproximado a una década.
Pero, además, resulta indispensable el diseño de planes de desarrollo parecidos para zonas como Buenaventura y Tumaco, para le Bajo Cauca, para el sur oriente antioqueño, para el Catatumbo y para la Guajira, donde se concentran los problemas sociales más dramáticos, en donde el atraso sistemático ha sido el caldo de cultivo para la delincuencia organizada, el narcotráfico y el terrorismo.
Volver la mirada hacia las regiones olvidadas y condenadas al atraso, tiene que ser un imperativo, para poder estar en capacidad de abrir paso a la equidad, que es un ordenamiento constitucional y de elemental aspiración en cualquier nación.Seis gerentes de estos programas, compitiendo entre sí por los resultados esperados, sería una buena alternativa.
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