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El Leviatán colombiano
Reinsertando a Colombia en el contexto internacional con todo lo que ello presupone: diplomacia, comercio exterior, atrayendo inversión extranjera.
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Jueves, 10 de Septiembre de 2026

Somos el país del “cójanlo, cójanlo, suéltenlo, suéltenlo”. Esta frase coloquial que alguna vez hemos escuchado en las calles de nuestras ciudades cuando un ladrón rapa las pertenencias de una persona, es aprehendido y castigado con unos golpes, refleja lo que comienza a pasar con el gobierno de Abelardo de La Espriella.

El nombre de Leviatán es mencionado en la Biblia como un ser inmenso, de gran poder e imposible de doblegar. A Job, 41.1, el Señor Dios, le pregunta: ¿Sacarás tú al leviatán con anzuelo, o con cuerda que le eches en su lengua? ¿Pondrás tú soga en sus narices, Y horadarás con garfio su quijada? ¿Multiplicará él ruegos para contigo? ¿Te hablará él lisonjas? ¿Hará el pacto contigo para que lo tomes por ciervo perpetuo?

Este monstruo marino indomable del que habla la Biblia en Job, en Isaías y en los salmos, lo recoge el filósofo político Thomas Hobbes, en 1651, en su obra cumbre El Leviatán, siendo una de sus ideas centrales que, “el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe”. Pero también plantea que sin reglas que nos controle, los hombres podemos convertirnos en monstruos.

Hobbes, nos propone imaginar un estado de naturaleza donde no haya gobierno, ni policías, ni jueces, ni leyes y nos cuestiona si en ese estado podría haber paz y amor o por el contrario una guerra de todos contra todos en el que yo tomo lo que quiera del otro, sin que exista ni ley ni autoridad que me castigue. Y, de ahí, otra de las frases célebres que trae El Leviatán: “homo omini lupus”, el hombre es lobo para el hombre. Nos dice, que los seres humanos en el fondo somos iguales y que todos, tenemos la capacidad de matar; incluso, el más débil matar al más fuerte utilizando la astucia; que, por ello, vivimos en una constante paranoia; que el motor que nos impulsa a los hombres no es el amor ni la gloria sino el miedo a una muerte violenta.

El Leviatán, describe una vida tan solo de supervivencia en ese estado natural, aunada al deseo de poder, estatus y recursos en donde, cuando los alcanzamos, cada vez queremos más pues, si todos tenemos derecho a todo, entonces nadie tiene derecho a nada, según Hobbes.

El pasado gobierno sumió a Colombia en una especie de estado natural. Aún no sabemos con certeza si esto fue el producto de una mezcla de filosofías políticas con pretensiones de escribir una propia o las consecuencias de sustancias extrañas en la cabeza del gobernante, que arrastró a la Nación en sus caóticos delirios de grandeza.

El gobierno de ADLE, dio orden a la fuerza pública de combatir a los delincuentes de toda estopa, pero ya se escuchan voces de “suéltenlos, suéltenlos”, voces que en el reciente pasado reclamaban mano dura contra la delincuencia. De seguro, muchos votaron por Abelardo contra las laxas políticas de seguridad de Petro.

No podemos culpar exclusivamente a los gobiernos. Los ciudadanos tenemos cuota de responsabilidad. Presumimos de ser una nación demócrata, pero llevamos ese concepto a los extremos, como si no pudiéramos hacer compatibles derechos humanos con autoridad o viceversa.

Por eso, el Señor le pregunta a Job, si piensa sacar al leviatán del mar con un anzuelo. Preguntémonos si luego de todas las gabelas y prebendas otorgadas a los grupos armados narcoterroristas, mafiosos ¿el nuevo gobierno debe combatirlos con discursos brabucones y con balas de salva, si no se someten? Hobbes, nos deja claro: “los pactos que no descansan en la espada no son más que palabras sin fuerza”. Y, agrega: el peor de los tiranos es preferible al estado de naturaleza; un tirano mata a unos pocos, la anarquía, la guerra civil a todos, dice.

ADLE, ha propuesto inicialmente las siguientes estrategias: bloques de seguridad urbana, para combatir el delito común que azota a esos centros; el fin de la paz total, traducida en delincuencia total, o sometimiento a la justicia o enfrentamiento directo; creación de un bloque de búsqueda contra la extorsión, delito que mina la iniciativa empresarial ciudadana; control penitenciario, trasladando a jefes de bandas a cárceles de alta seguridad, más la propuesta de convertir en cárceles a algunas fragatas y anclarlas en alta mar. Sobre esta última, aparecieron críticas de los defensores de derechos humanos a ultranza; olvidan que hace años existió una Isla prisión, Gorgona. Y, el respaldo político e institucional a la Fuerza Pública.

El gran reto de Abelardo, ante la tragedia natural que limitará muchas de sus iniciativas, será: combatir sin ambages a los grupos armados ilegales, recobrando territorio y recuperando la autoridad del Estado, pero, sin pretender llevarse por delante las instituciones, como ocurrió hace algunos años.

Hacer palpable la reconstrucción física del país, cambiándole la cara al Chocó. Arrancó bien esta iniciativa con el concurso de los grandes empresarios privados.

Reinsertando a Colombia en el contexto internacional con todo lo que ello presupone: diplomacia, comercio exterior, atrayendo inversión extranjera.

Equilibrar las finanzas y la economía sin que la clase media sea el trompo de poner, como cada reforma tributaria lo propone. Que no olvide el presidente lo que decía su mentor, el doctor Álvaro Gómez: que a los gobiernos les gusta castigar el éxito de los colombianos. 

En Colombia, terminó el estado natural. Comenzó la lucha a muerte contra el Leviatán.


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