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En la recta final
Anverso y reverso.
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La opinión
La Opinión
Jueves, 16 de Junio de 2022

Me gusta el ciclismo. Aprendiendo a montar en bicicleta, me di más de un porrazo, en las calles empedradas de Las Mercedes. Pero me tocaba hacerme el guapo en la casa, pues si llegaba llorando, la pela de mi mamá era segura. Alguna vez en la caída, rompí el pantalón en la rodilla. Cada vez que lo recuerdo, me vuelven a arder las nalgas, de los correazos que recibí aquella tarde de sábado, en que ya me había puesto la ropita del domingo.

No voy a repetir lo que varias  veces he dicho sobre la primera bicicleta que conocimos en el pueblo, que llegó a lomo de mula.  Ni sobre aquel maestro de escuela, que paseaba en su cicla a los alumnos que hubieran sido más juiciosos durante la semana. Juan Francisco Vila no sacaba sus alumnos a izar la bandera. Él les daba vueltas por las calles y callejuelas del pueblo.  

Ni voy a hablar de la muchacha bonita que escandalizaba a las madres católicas porque salía en mini pantaloneta a montar en bici todas las tardes. “El mundo se va a acabar”, decía mi nona Lucía Esparza cuando la veía pasar veloz, echando pedal.

Tampoco es mi intención hablar de otro maestro, Rito Aurelio Ramírez León, que, después de la jornada escolar, se iba a aplicar ampolletas, porque se las daba de mediquín y había aprendido en la Normal a ponerles inyecciones a los cerdos.

Mi tío Ángel Ardila, un joven bien plantado, recién llegado del cuartel, también se consiguió su cicla y las muchachas lo perseguían para que las llevara en la barra o en la parrilla. Mi tío era muy condescendiente con las chicas, pero cuando se casó tuvo que vender la bicicleta: “O la bicicleta o yo”, le dijo Julia Botello, su joven y agraciada esposa.

A medida que yo fui creciendo me fui metiendo en el mundo del ciclismo, no montando en bicicleta, sino escuchando por radio las Vueltas a Colombia. Eran las épocas de Ramón Hoyos Vallejo, de Roberto ´Pajarito´ Buitrago, de Hernán Medina, de ´Cochise´ Rodríguez, y del nortesantandereano Gustavo Rojas  Pérez, entre muchos otros famosos. Épocas duras no sólo para los ciclistas, sino para los locutores de radio que, a falta de transmóviles,  debían encaramarse a los árboles y a los postes de energía eléctrica para esperar a los corredores y  transmitir lo que iba sucediendo en las etapas.

En los pueblos o ciudades a donde llegaba la caravana ciclística, el alcalde declaraba día cívico y la población entraba en delirio fiestero por la Vuelta a Colombia que los visitaba. Hoy día, la bullaranga no es la misma. Muy pocos son los aficionados que se pegan al televisor a seguir paso a paso, pedalazo a pedalazo, las incidencias de las diversas etapas. Y muy pocos son los que se vuelcan a las metas a recibir a los héroes de los “caballitos de acero” como los locutores llamaban a las bicicletas. 

La semana pasada concluyó una Vuelta a Colombia en bicicleta, y como sigo aficionado a ese deporte, soñé una noche con la llegada a la meta final de otra Vuelta, pero con corredores diferentes. Soñé que los líderes que se disputaban el título de campeón, eran dos: Petro y Rodolfo. Y el locutor gritaba: Va adelante Petro, ahora lo pasa Rodolfo, Petro está agotado, el viejo le coge ventaja, los de la cuadrilla de Petro tratan de ayudarlo, pero se forma el barullo y lo hacen caer. No hay nada qué hacer, señoras y señores, ganó el Viejito, que llegó fresco como una lechuga…

gusgomar@hotmail.com

 

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