La semana comprendida entre el 20 y el 24 de julio de 2026 no dio tregua en materia económica. El ambiente en el país se sintió tan denso y sofocante como buseta de servicio público al mediodía en nuestra ciudad. Las decisiones del Gobierno y la lectura de los mercados trazaron una hoja de ruta convulsa que presagia un cierre de año exigente para las finanzas de los colombianos.
El punto de partida tuvo lugar el propio 20 de julio, en el marco de la instalación del Congreso. Con la precisión de un congresista cobrando coimas, el Ministerio de Hacienda radicó la nueva propuesta de Ley de Reforma Tributaria. El proyecto busca apretar los tornillos del recaudo público aspirando a capturar $21,9 billones para el año 2027. La estrategia no dejó títere con cabeza: amplía el alcance del IVA del 19 % a los vehículos híbridos y a las apuestas en línea, ajusta las tuercas al impuesto al patrimonio a partir de las 40.000 UVT y eleva la tarifa marginal máxima de renta al 41 %. Además, la sobretasa al sector financiero cayó como un aguacero torrencial en pleno verano, endureciendo las condiciones para las entidades crediticias.
Por los lados de la política monetaria, el panorama no resultó más indulgente. El 22 de julio, la Encuesta de Opinión Financiera elaborada por Fedesarrollo y la Bolsa de Valores de Colombia confirmó que las tasas de interés están "más apretadas que cinchón de mula". La expectativa de rebajas inmediatas se esfumó por completo; por el contrario, el mercado prevé que el Banco de la República incremente la tasa de intervención al 12,50 % en su junta del 31 de julio. El mensaje es claro: frenar la inflación requerirá apretarse los pantalones un poco más.
En el frente cambiario y energético, las dinámicas mantuvieron a los analistas al borde de la silla. El dólar cotizó en una franja contenida cerca de los $3.206 y $3.220 pesos, dando un leve respiro. No obstante, el petróleo Brent cruzó la barrera de los US$91 por barril a causa de los conflictos en Oriente Medio. Aunque este encarecimiento le entra como "platica del cielo" a las arcas fiscales del Estado por concepto de exportaciones hidrocarburíferas, en la práctica actúa como un arma de doble filo, pues presiona hacia arriba el precio de los combustibles y encarece la canasta familiar. Por otra parte, ante los pronósticos de vulnerabilidad climática por el fenómeno de El Niño hacia finales de año, el Gobierno nacional ordenó a Ecopetrol acelerar y autorizar la importación de gas para prevenir riesgos de racionamiento y asegurar la soberanía energética del país.
En conclusión, la economía colombiana atraviesa un tramo de curvas cerradas y pavimento caliente. Entre reformas tributarias, altas tasas de interés y volatilidad en las materias primas, el bolsillo de los ciudadanos tendrá que aguantar el embate, armándose de la misma paciencia infinita con la que se hace la fila para reclamar medicamentos en la Nueva EPS.
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