Quienes somos de la “pucha vieja” aprendimos la única plegaria de Jesús pidiendo al padre eterno perdón por nuestras deudas, como perdonamos a nuestros deudores, y nunca aprendimos pedirlo por las ofensas y los ofensores.
Y es que Jesús predicaba en arameo donde deuda y ofensa tienen significados distintos. La deuda en arameo significa un compromiso de pago y ofensa es una ofrenda para redimir un pecado. Desde ahí lo llamamos el divino redentor. En otros términos, sus actos fueron retributivos.
Eso da a entender el evangelio de Bernabé, uno de los apóstoles que llegó después y fue compañero de Saulo quien convertido al cristianismo proclamaban la muerte y la resurrección de Jesús, que lo describe como un ser común y corriente como todos los mortales con sus grandezas y miserias según sus propias palabras, contrariando al apóstol Juan que le atribuía ser hijo de Dios.
El evangelio de Bernabé es un texto de unos 1500 años, encuadernado en cuero, que puede ser la versión auténtica, pero rechazado desde el año 325 d.c. por la Iglesia católica por su paralelismo con el Corán.
La justicia retributiva ha existido desde siempre. O una respuesta moralmente aceptable al daño indiferentemente a que produzca o no beneficios o perjuicios notorios. Por ejemplo, en la biblia está en el Deuteronomio con el ojo por el ojo y el diente por diente, en la filosofía moderna de los utilitaristas Emmanuel Kant y Frederick Hegel.
Pero en el Concilio Vaticano II de Juan el Bueno, por 1984 le encargaron a un cardenal español actualizarlo a los nuevos tiempos y la palabreja de las deudas no le agradó y la trasformó en ofensas y ofensores borrando la justicia retributiva.
Dije que existe desde tiempos inmemoriales lo cual es cierto. En Atenas y Esparta y su Olimpo con la correcta distribución de bienes y de oportunidades, honores, riquezas y burocracia en la comunidad.
Cuando París raptó a la comprometedora Elena, en Esparta, rival de Atenas, buscaba realmente calmar sus celos con sus anteriores maridos, realizando justicia retributiva y lograr la paz en el Egeo y con ella la expansión por el Mediterráneo,
Mileto, Corinto, Sicilia, Italia, España y Portugal, norte de África. Egipto y Palestina con diáspora y sin diáspora.
Adenda. La justicia no espera ningún premio. Se la acepta por ella misma. Y de igual manera todas sus virtudes.
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